Nos encontramos en un momento de adormecimiento empresarial, de miedo, de inestabilidad laboral... Casi podríamos decir que estamos como aquel país de Saramago en el que todos los habitantes quedaban ciegos y debían afrontar el caos inventando un nuevo modelo, adaptado a sus nuevas e inesperadas circunstancias. Como a aquellos ciegos, nos resulta imposible reinventar nuestro sistema. Sólo pensamos en recuperar repentinamente la visión, en que todo vuelva como por arte de magia al punto anterior; ni vemos la salida ni parece que sepamos levantarnos de la depresión en la que nos tiene sumidos la inesperada, o no tanto, crisis económica que no acaba de abandonarnos.