¿Quién no ha tenido la impresión en alguna reunión, llamada telefónica o presentación de ventas de estar hablando en el vacío, sin conectar realmente con la audiencia?, ¿quién al término de una reunión de ventas no ha sentido desconocer lo que realmente piensa el cliente, incapaz de decir si ha ido bien o mal?, ¿quién no ha experimentado cierta frustración al no cerrar ventas pese a mantener buenas relaciones con el cliente y haber éste mostrado interés? La obra "Stop Telling, Start Telling"[\/i] de la consultora Linda Richardson presenta y desarrolla un modelo de venta personal altamente efectivo basado en el diálogo constante con el cliente.
Detrás de esta frase que con gracia se ha expuesto en diversos bares y establecimientos españoles en los últimos meses se esconde una amarga paradoja. Cuando una de las pocas bazas que nos quedan en lo profundo de la crisis es la diferenciación en el servicio al cliente, en casi todos los sectores se da, más o menos claramente, un cierto olvido del mismo cuando no un claro maltrato, en algunos casos inspirado en lo que podríamos definir como "todo para el cliente, pero sin el cliente"[\/i]. Se impone una vuelta a los principios básicos, a intentar ponerse en el lugar del cliente para, a continuación, intentar satisfacer sus necesidades. Sólo así podremos aspirar a cambiar la frase citada por otra que diga: "Se buscan clientes, se garantiza buen servicio".[\/i]