Haciendo referencia a los "cambios necesarios en el estilo de vida y en las costumbres sociales y políticas que han conducido a la crisis"[\/i], decía hace semanas el cardenal Rouco: "Es necesario apartarse de la codicia, que da alas a la ilusoria identificación de la felicidad con la mera acumulación de bienes, a la búsqueda irresponsable del enriquecimiento rápido, así como a la cultura del endeudamiento exagerado que amenaza el presente y lastra a las generaciones jóvenes"[\/i]. Puede que haya ciertamente rasgos culturales en nosotros, más visibles en los gestores de lo público y lo privado, que debamos revisar; quizá pueda hablarse, sí, de una "gestión a la española"[\/i].
Ahora más que nunca, con la falta de confianza profunda y generalizada que acompaña a una crisis como la que sufrimos, a la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) le pasa como a la mujer del César, que además de ser honrada debe parecerlo. Un aspecto positivo de las crisis es que ayudan a separar rápidamente el grano de la paja o, como decía Antonio Machado, a "distinguir las voces de los ecos"[\/i]. Se produce un proceso de decantación natural, separándose la iniciativa genuina de lo que no busca más que apuntarse a la última moda. Con el recorte generalizado de gastos tanto en el sector público como en el privado, es fácil ceder a la tentación fácil de reducir la dotación económica de estas iniciativas. Si, por el contrario, apostáramos por unas iniciativas de RSC con un impacto social más eficaz, buscando más la colaboración que el "distinguirse"[\/i], no sólo contribuiríamos a la supervivencia de la RSC sino que podríamos ayudar a encarnarla de verdad en la cultura de la empresa y a poner un granito de arena en la necesaria recuperación de la confianza del ciudadano en el sistema económico en su conjunto.
Si tuviese que elegir uno, ¿cuál sería para usted el invento más importante de los últimos 100 años? Gary Hamel ha optado por "el management"[\/i]. El experto en gestión, autor y cofundador de Management Innovation eXchange (MIX) advierte, no obstante, de que el modelo dominante de management[\/i] ha quedado obsoleto y no se adapta a los retos presentes y futuros de los mercados, "que no tienen precedente"[\/i]. En este contexto, plantea la necesidad de reinvención del management[\/i], para adaptarlo al siglo XXI.
Nos recordaba Ted Levitt que a menudo los vendedores tienden a dejarse llevar más por su propia necesidad de vender que por las necesidades del cliente, y asimismo podemos recordar aquello de que \
Los autores de este libro -Empresa Activa. Barcelona, 2011. 349 páginas- proponen un modelo para gestionar la innovación empresarial basado, en lugar de en etapas consecutivas como solía ser el enfoque habitual, en los roles principales que intervienen en la innovación (Activadores, Buscadores, Creadores, Desarrolladores, Ejecutores y Facilitadores) que al interaccionar libremente entre sí configuran un proceso de innovación, con frecuentes vueltas atrás, que se adapta mejor tanto a la tanto naturaleza intrínseca de la innovación como a su gestión en una empresa. Al repasarse los roles se revisan casi todas las técnicas utilizadas hoy en día en relación con la innovación, pero asignándoles un lugar en el modelo propuesto que, asimismo, se "valida"[\/i] mostrando que el enfoque de la innovación de las principales empresas de la actualidad es perfectamente compatible con el modelo A-B-C-D-E-F.
El futuro es hoy, el futuro se está construyendo en este preciso instante por parte de centenares de miles de investigadores y científicos, y de millones de personas involucradas en la creación de todos los avances tecnológicos y su inserción en la sociedad. Podemos adoptar dos posiciones, la del burladero o la de la arena. Podemos contribuir de una manera u otra al avance de la humanidad, imaginando, investigando, desarrollando, construyendo, aplicando estas nuevas tecnologías de manera práctica o por el contrario, podemos mirar al futuro desde la barrera, siendo meros agentes pasivos del cambio que viene hacia nosotros, a cada vez mayor velocidad.
El pasado 21 de junio acudí al Seminario Internacional sobre Valorización de Tecnología celebrado en Madrid en la Fundación Canal. Principalmente fui a escuchar a Rafael Camacho a hablar sobre el programa Innocash pero tengo que decir que en general me gustó mucho cómo se planteó todo el Seminario porque al final logré obtener una visión mucho más amplia sobre este tema. Y ello fue gracias a la diversidad de ponentes que dieron sus puntos de vista desde distintos enfoques, tanto desde el lado del investigador como desde el lado empresarial y tanto desde el punto de vista regional en España como a nivel internacional, concretamente los casos de países como Bélgica, Reino Unido o Canadá.
La crisis financiera de 2008 abrió la puerta a inyecciones masivas de dinero público para rescatar a empresas en apuros. Vimos nacer una nueva actividad de muchos gobiernos occidentales, como inversores de un tipo de capital riesgo muy peculiar, centrados en algunas de las empresas peor gestionadas del mundo, muchas de ellas de imposible salvación. Este libro pretende arrojar alguna luz sobre el proceso por el que los gobiernos pueden evitar adentrarse en una avenida de falsas esperanzas, en el bulevar de los sueños rotos, y no repetir errores demasiado frecuentes al intentar estimular el emprendimiento. En opinión del autor, si los responsables de las políticas públicas aplicaran algunas lecciones básicas, se evitarían muchas historias de derroche y de disgustos, los emprendedores encontrarían un clima más acogedor y todos disfrutaríamos de una economía más sana.