Calidad es un término que suscita algunas reservas, especialmente en la emergente economía del conocimiento y la innovación. El término “calidad” parece, sí, perder significado, desde que lo relacionamos más con la certificación correspondiente sobre normas y procedimientos, que con la percepción del cliente. Acaso y en más de un caso, sobre la rigidez procedimental y en beneficio de la competitividad, debería imperar el sentido común y la satisfacción del cliente...; pero enfoquemos otra calidad —también, al parecer, objeto de acreditación o reconocimiento en nuestro país—, la denominada “calidad directiva”.