Hace ya más de 20 años, el liderazgo se convirtió en un gran buzzword[\/i] \u2014hoy acaso un cierto fuzzword[\/i]\u2014 dentro del mundo empresarial. En realidad el término se utilizaba, aunque poco, en la primera mitad del siglo XX (recordemos por ejemplo a Mary Parker Follett), pero, en España y otros países, empezó a sonar con más fuerza en los primeros años 90, cuando se ponían en marcha algunos cambios técnicos y culturales precisos en las organizaciones. Sobre liderazgo no han dejado de orquestarse cursos, talleres y conferencias, ni de publicarse libros y artículos. Contamos en verdad con diferentes concepciones y modelos teóricos del liderazgo en la empresa; atribuimos, sí, distintos significados al significante.
[b]¿Qué tiene de interesante? ¿Para quién es?[\/b] Para ser su primer libro fuera de la ficción y la publicidad, el publicista Joaquín Lorente hace un buen trabajo. Su libro está planteado para una lectura de aeropuerto y propone una serie de sugerencias a modo de principios que pueden ser útiles tanto a profesionales jóvenes como a directivos senior. Son sugerencias que tienen poca ligazón las unas con las otras, a pesar de que se concentran en torno al concepto de "pensar"[\/i].
Un debate de interés para los profesionales y las empresas[\/i]. El debate sobre los derechos de propiedad intelectual nos afecta sobremanera a nosotros, dirigentes y profesionales del mundo empresarial y sería bueno que nos involucremos en el mismo. No es un tema ajeno a nuestros intereses. Hay enormes razones que al final de esta nota trato de evaluar para que desde Know Square nos interroguemos y pronunciemos sobre la materia. Know Square acaba de demostrar con la primera edición de sus premios editoriales que estamos muy cerca del fragor de este combate. Y que entendemos la enorme contribución que la industria de los contenidos y los propios creadores hacen al desarrollo de las capacidades de nuestras empresas y de nosotros mismos como dirigentes y profesionales.
¿Para qué sirve la filosofía?, ¿qué puede aportar al mundo de la empresa?, filósofos y directivos, ¿tienen algo que decirse? La Fundación Lázaro Galdiano acogió el pasado 1 de diciembre de 2011 el Primer Encuentro de Filósofos y Directivos organizado por Know Square en colaboración con la Escuela de Filosofía y Síguete. El objetivo del encuentro fue analizar desde la perspectiva filosófica algunos conceptos íntimamente relacionados con el ámbito de las organizaciones, poniendo especial énfasis en la actitud filosófica como la habilidad de contemplar la realidad con distancia para tomar conciencia de todo lo que nos ofrece y actuar en consecuencia. Dicha actitud es un componente esencial para la creatividad y la innovación y debe entenderse en el contexto individual y colectivo, en el diálogo con los otros y en el entorno de las instituciones.
La mejora de la productividad ha de orquestarse, sin duda, en cada organización, y abordarse tras un análisis riguroso, con amplia visión de presente y futuro. Cada empresa es soberana al respecto en sintonía con sus intereses y objetivos, y cuenta con los datos correspondientes. Pero caben observaciones generales, caben reflexiones libres, porque mucho se habla, sí, de nuestros niveles de productividad y competitividad.
Nos recordaba Ted Levitt que a menudo los vendedores tienden a dejarse llevar más por su propia necesidad de vender que por las necesidades del cliente, y asimismo podemos recordar aquello de que \
"La experiencia es un grado"[\/i]. Esta fue una de las primeras frases que escuché al empezar a trabajar en una empresa grande hace casi veinticinco años. Tenía todo su sentido. Quienes allí trabajaban lo venían haciendo del mismo modo que veinte años antes, y en esas condiciones, quien más experiencia tenía, más respetado era. Eran tiempos en los que ni el ordenador, ni por supuesto los móviles, ni el Whatsapp[\/i], ni el Facebook[\/i], se habían instalado en las empresas. Tiempos en los que el manual de procedimientos era el mismo año tras año. Tiempos en los que la gente no tenía veinte años de experiencia, sino un año de experiencia repetido veinte veces.
El Anuario de Competitividad Mundial (WCY), elaborado por el IMD, analiza y clasifica la capacidad de las naciones para crear y mantener un entorno que asegure la competitividad de las empresas. Esto significa que se supone que la creación de riqueza tiene lugar principalmente a nivel de empresa (ya sea privada o estatal). Sin embargo, las empresas operan en un entorno nacional que mejora o dificulta su capacidad de competir a nivel nacional o internacional, lo que también se considera en el ranking. En base al análisis realizado por destacados investigadores, la metodología de la WCY divide el ámbito nacional en cuatro factores principales: Desempeño Económico \u2013 Eficiencia del Gobierno - Eficiencia de las Empresas \u2013 Infraestructura.