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Moisés Naïm, Director de la revista Foreign Policy (Entrevista)

Lo soltó antes de despedirse no se sabe bien si como un chiste o un aviso, pero el caso es que acertó de pleno. "No, no, descuida; que en esta crisis aún no se ha levantado la alfombra y lo peor aún está por llegar en forma de nombres y apellidos", espetó Moisés Naïm. Apenas dos semanas después del aviso de Naïm, director de la prestigiosa revista Foreign Policy y considerado por muchos como una autoridad en temas de política y economía internacional, el bróker norteamericano Bernard L. Madoff aportó ese nombre y apellidos a una crisis que no repara en sustos y descalabros.

"A raíz de la crisis hay que hacer un mail out intelectual a la profesión de los economistas"

La alargada sombra de Madoff se ha dejado sentir en el Santander, BBVA, HSBC, RBS, Man Group, Nomura, BNP Paribas, Natixis, Société Générale, Crédit Agricole, Unicredit y Banesto. Nadie ha escapado a la última campanada del año en los mercados financieros, que ha comenzado 2009 entre el estruendo y el miedo, y a la espera de la cumbre de Londres del próximo mes de abril.

Moisés Naïm, que pasó antes de Navidad por España para hablar de la crisis financiera en la Fundación Rafael del Pino, se suma a la teoría de esa vuelta a los orígenes del capitalismo, esto es, a la refundación del propio sistema. Y Naïm lo reivindica desde lo más profundo, partiendo de los propios economistas que, dice, deben redefinir sus principios, creencias y métodos desde la esencia.

Usted se acercó Washington para presenciar in situ la cumbre del G20+3 el pasado mes de noviembre. ¿Le sorprendió algo o le llamó la atención algo en especial en esa reunión? ¿Considera que se trata sólo de un comienzo de una serie de cumbres para poner orden a la crisis o, por el contrario, quedó defraudado de la cita y con la sensación de asistir a una puesta de largo de los jefes de Gobierno más de cara a la galería que otra cosa?

La reunión de Washington fue importante porque fue el entierro del G8. Casi podríamos decir que la reunión de Washington fue el velatorio de ese G8. Y una vez finalizada esa reunión, en la cual lo más importante no fue de lo que se habló sino a quién se invitó, se reconoció que los problemas mundiales de calibre global no van a poder solucionarse solamente por un directorio formado por los países más ricos, el G8, sino que había que incorporar a países como India, China o Sudáfrica. Y esto trae una consecuencia muy clara de cara al futuro inmediato: que ahora va a ser muy complicado reunir al G8 excluyendo a muchos de estos nuevos jugadores. No hay soluciones a muchos de los problemas –y no sólo los financieros- si no se incorporan estos nuevos jugadores.

Hace poco menos de un año, Accenture se refirió ya al protagonismo creciente de esos países en un informe a escala mundial titulado "El mundo multipolar". Con la irrupción de la crisis y la presencia en primer plano de las nuevas potencias, ¿cree que se puede hablar ya sin tapujos de ese mundo multipolar en el que ya no sólo se debe hablar de un G8 o similar, sino en el que hay que mirar a los cuatro puntos cardinales y a los cinco continentes?

La respuesta es sí, pero el problema de esa respuesta afirmativa es que se ha transformado rápidamente en una frase hecha, y las frases hechas se devalúan demasiado rápido, porque se usan de manera indiscriminada. Yo, por ejemplo, ya no sé qué significa un mundo multipolar, porque no hay duda que hay otras fuentes de poder, pero de eso a pensar que eso implica una profundísima disminución de la influencia de EEUU, eso puede ser un error. La crisis económica ha golpeado a EEUU se manera muy fuerte y lo ha debilitado muchísimo, ya no sólo desde el punto de vista económico sino identitario. Pero la crisis también ha debilitado a otros. Entonces, no está claro cómo queda el mundo en cuanto a la distribución de poder, influencia, prestigio y capacidad de liderazgo, una vez que salgamos de la crisis.

Si todos han sido afectados y nadie ha escapado a la crisis, ¿se puede hablar de ganadores en esta crisis o, por el contrario, todos son perdedores?

Creo que ésta es una crisis en la que cual la gran mayoría de las potencias y países han salido perdedores. Se podría pensar que los ganadores son algunos de los empresarios de Wall Street, que lograron escaparse antes del colapso con las alforjas cargadas d dinero, pero dentro del mundo de hoy esos números son pequeños frente a las implicaciones morales de la crisis a nivel mundial.

El diario británico The Times se mojó a la hora de hablar de ganadores de la crisis y situó entre los 10 grandes ganadores a Karl Marx. Realmente, ¿está haciendo tambalear tanto esta crisis los valores últimos del capitalismo como para que, un siglo y medio más tarde, emerja de nuevo la figura de Marx? El capital, de hecho, vuelve a estar en algunos países en las listas de los libros más vendidos.

Yo no veo ningún país, salvo países como Venezuela, que esté embarcado en un programa marxista. Lo que veo es que el prestigio del capitalismo ha sufrido mucho a raíz de la crisis, pero no veo a nivel amplio, mundial, que la gente esté preparada para abandonar sus propiedades personales y entregárselas al Estado. No veo a China, por ejemplo, y siendo lo que es China, muy orientada en esa dirección; más bien la veo en la dirección cada vez más próxima al capitalismo. Tampoco veo a India, ni a países asiáticos, Brasil o Rusia.

Menciona a China, pero apenas tres días después de la cumbre de Washington, el presidente de la República Popular China, Hu Jintao, visitó Cuba para estrechar relaciones con el mandatario cubano Raúl Castro. Sería fácil ver este encuentro como un jarro de agua fría a lo acordado días antes en Washington por China dentro de la cumbre.

No, no. No creo que deba observarse como un jarro de agua fría. Si usted nota las conservaciones entre ambos dirigentes en Cuba, las conversaciones no tuvieron nada de ideológico y, por el contrario, todo de comercial. Parecían más bien las conversaciones entre dos gerentes o consejeros delegados de empresas que están asociándose que las conversaciones entre dos jefes de Estado.

Cuando afirma que lo realmente importante de la reunión de Washington era quién había participado en ella, saltó ya antes de la cumbre el debate sobre si Obama debería estar presente en la cita. ¿Cree usted que debería haber acudido?

El chiste que circuló en Washington esos días de la cumbre es que no debería haber sido la reunión del G20 sino del G21, y que ese uno que faltaba era Obama. Pero, al mismo tiempo, como se ha recalcado siempre que ha salido la discusión, Obama es el presidente electo, no el presidente del país, y por eso creo que hizo bien en no estar en la cumbre.

Y cuando en la reunión de abril en Londres ya esté presente Barack Obama como presidente de EEUU, ¿vislumbra que va a cambiar la orientación de la cumbre?

Sí. Creo que de aquí a la reunión de Londres va a haber mucha gente haciendo tareas preparatorias y llegando a acuerdos. De hecho, no tengo la menor duda de que la reunión de abril de Londres va a ser mucho más concreta que la de Washington que, al final, sólo fue la primera, la puesta de largo.

Observando cómo la crisis ha dejado tocado los fundamentos más profundos del capitalismo, ciertas voces autorizadas han comenzado a lanzar el discurso de volver a lo básico (back to basics), a los fundamentos y esencia de ese sistema capitalista. Como publicó The Economist en referencia a España, "La fiesta se ha acabado" (The party’s over), y es hora de regresar a las bases del sistema.

Cuando se habla de back to basics, expresión que he escuchado estas semanas tanto en economistas como en financieros, no acabo de entender qué significa realmente eso. Porque, cuando uno reflexiona sobre lo que está pasando, sucede que parte de esta crisis económica y financiera es una crisis de innovación. Fue una crisis en la que el mundo financiero se combinó con el mundo de la tecnología de la información y de Internet para crear nuevas instituciones, productos y mercados, que se desarrollaron a tal velocidad que sobrepasaron la velocidad de los reguladores para entenderlos. Y no sólo de los reguladores sino hasta de los propios vendedores y compradores de esos productos. Entonces, lo que el mundo no ha visto nunca es cómo una innovación que está en la calle se vuelve a poner en la botella. Una vez que el genio sale de la botella no hemos visto experiencias exitosas de que ha vuelto a ser embotellado. Entonces, una vez que esta innovación, que tiene partes negativas que han provocado la crisis pero que también tiene partes positivas, ha salido de la botella no sé quién será capaz de volverla a meter dentro de la botella. Una ilusión que puede ser muy costosa es creer que se puede volver a meter en la botella.

Y dentro de esas ilusiones de que regrese a la botella, emerge ahora el temor ante un exceso de proteccionismo y regulación de los mercados. ¿Qué debería pasar para que se introduzca de nuevo en la botella pero de forma correcta?

Lo que hay es que entender que existe y que tiene aspectos que pueden ser positivos y que, por tanto, lo que hay es que regular y minimizar sus aspectos más nocivos. Todas las medicinas tienen efectos colaterales y todos tomamos medicinas sabiendo que, de alguna manera, tienen efectos colaterales pero que, a medio plazo, generan más beneficios que daños a la salud.

Y con las medicinas que está empezado a tomar el capitalismo, ¿cree que va a salir más reforzado?

Pues no sabemos, porque ahí el peligro está en que de la misma manera en que durante esta última década el mundo se excedió en cuanto a la desregulación y desatención de ciertos instrumentos y mercados financieros, podemos vivir una próxima década en la que el péndulo pase al otro lado y el mundo pase de la ultra complacencia y descuido regulario a la ultra regulación asfixiante.

En las raíces y entrañas más profundas de la crisis, hay quien dice que se trata más de una crisis política que económica o financiera; otros dicen que se trata de una crisis de valores; e incluso varios estudiosos hablan de que, ante todo, se trata de una crisis ética. A su juicio, ¿qué se encuentra en el subsuelo de la crisis?

Hay partes de razón en cada una de esas diferentes formas de entender la crisis. Sin duda, es una crisis financiera que está causando mucho sufrimiento humano y continuará generando mucho sufrimiento. Por tanto, aquí es muy importante rescatar y poner en el centro de la conversación las ganancias sociales que ha vivido el mundo en la última década, la aparición de una clase media a nivel mundial y qué se puede hacer para que esa clase media no vuelva a caer en pobreza. Ése es el tema: disminuir el sufrimiento humano tanto como se pueda. Y por otro lado, hay que tratar de evitar que la crisis legitimice malas ideas, que los aprendizajes conduzcan a abrazar ideas equivocadas. Y tercero, hay que hacer un mail out intelectual a la profesión de los economistas.

Y dentro de ese vacío, barrida o mail out del economicismo, ¿habría que poner en cuestión, por ejemplo, toda la influencia académica mundial que han tenido en las últimas décadas los Chicago boys?

No. Yo creo que no se trata solamente de una cuestión de etiquetas, porque dentro de los Chicago boys hay una amplia gama y un amplio espectro de ideas, algunas de las cuales son muy legítimas y otras que son muy poco válidas. Más bien, de lo que estoy hablando es que el valor de la ciencia se mide por su capacidad de predecir y por su capacidad de prescribir. Un físico puede predecir la velocidad de caída de un objeto, porque tiene fórmulas que te pueden pronosticar qué hacer al respecto. Y a partir de esas fórmulas te puede prescribir cuál es la mejor manera de hacer un puente para que no se caiga. Y en este ámbito, la ciencia económica no ha tenido en los últimos tiempos un desempeño glorioso ni al predecir ni al prescribir.

El ejemplo del hasta hace unos meses oráculo de Alan Greenspan es paradigmático en este sentido. El propio Greenspan ha reconocido públicamente sus errores. Y junto a Greenspan existen otros casos. Por tanto, ¿sería necesario entonar un cierto mea culpa en todo ese ámbito económico y académico?

Sí, pero cuando yo me planteo ese mea culpa no estoy pensando en individuos. Yo inscribí un artículo sobre este tema titulado "Quién es el culpable de la crisis" y ahí ya dije que Greenspan era uno. Pero yo no estoy interesado en nombres y apellidos; estoy interesado en el aparato científico en el cual estamos sustentando la solución a esta grave crisis y que está mostrándose tan débil que permite que haya opiniones tan diferenciadas sobre qué tipo de crisis estamos sufriendo. El problema es que, puestos en esa tesitura, cualquiera puede decir cualquier cosa y todo puede parecer igual de válido, y eso se debe a que no tenemos un sustrato de conocimiento para enjuiciar esas opiniones.

Ya puestos a hacer esa mea culpa, cuando uno observa los currículos de los altos directivos implicados en la crisis, es casi unánime la presencia de un MBA o de un programa de similares características dentro de una escuela de negocios. ¿Habría, por tanto, que hacer también una profunda autocrítica dentro de las escuelas de negocios, que han formado a muchos ejecutivos que, a la postre, han sido víctimas o autores directos de la crisis?

Por supuesto. Hay mucho de eso, no me cabe la menor duda. Pero quizá aún es algo pronto para hacer ya un análisis tan profundo. Lo que está claro es que en ese análisis en frío se van a decantar ideas, instituciones, personas…, sobre otras, a las cuales hasta ahora se había dado mucho prestigio y voz, y a partir de ahora van a ser más cuestionadas.

Pero si la buena formación del directivo es una palanca de cambio para evitar que ese ejecutivo no caiga en desgracia dentro del escenario global, ¿sería mejor prepararse a fondo en una gran escuela de negocios, profundizar en ese entorno global de la mano de un máster en relaciones internacionales, donde cada pieza del puzle aparezca en su sitio, o combinar la formación en negocios con ese entorno geopolítico a nivel global?

Yo soy muy crítico con los programas de relaciones internacionales, que terminan siendo programas en los cuales un conjunto de anécdotas históricas se acaba convirtiendo en una base de datos. Volviendo al caso de los economistas, éstos tienen muchas bases de datos, pero aun así no han podido predecir la crisis. Y ésa es la razón por la cual soy muy crítico con los programas de relaciones internacionales, que acaban siendo al final un conjunto de historias y de mal periodismo, y con una base analítica muy débil. Del mismo modo, también soy muy crítico con los programas MBA, que son muy estrechos en su alcance y que no muestran un mundo que va más allá de las paredes de una oficina.

¿Qué sugiere entonces?

Tanto un joven como un directivo con potencial debe tener una formación técnica muy, muy fuerte en algo, no importa en qué. Puede ser en química, en matemáticas, en ajedrez, en lingüística, en lógica...., y luego una cultura general amplia. Eso es lo que les digo siempre a mis hijos. Y digo eso, porque el mundo requiere personas y profesionales versátiles y, paradójicamente, la versatilidad es mayor entre quienes tienen un sustento intelectual fuerte. Y ese sustento no se adquiere leyendo sólo un poco de todo.

Adjunto
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