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A country is not a company (Reseña del libro)

El título de este libro-artículo de Harvard Business Review escrito por Paul Krugman lleva a engaño. En realidad, es una crítica velada a los empresarios, a los que considera mentes prácticas enfocadas en los sistemas abiertos, y por lo tanto no preparados, a priori y salvo que vayan a la escuela, a problemas económicos. No son, por ello, los asesores ideales o más adecuados para los Gobiernos en temas económicos, a pesar de que comprende que se recurra frecuentemente a ellos: una persona que ha...

El título de este libro-artículo de Harvard Business Review escrito por Paul Krugman lleva a engaño. En realidad, es una crítica velada a los empresarios, a los que considera mentes prácticas enfocadas en los sistemas abiertos, y por lo tanto no preparados, a priori y salvo que vayan a la escuela, a problemas económicos. No son, por ello, los asesores ideales o más adecuados para los Gobiernos en temas económicos, a pesar de que comprende que se recurra frecuentemente a ellos: una persona que ha ganado mil millones de dólares, ¿cómo no va a ser capaz de asesorar a un Gobierno para hacer más próspero el país? Los economistas, por el contrario, son mentes teórico-prácticas enfocadas en los sistemas cerrados.

La conclusión de Krugman sirve para, automáticamente, despedir a Rodrigo Rato de Caja Madrid. En realidad, la visión simplista de Krugman respecto a economistas y empresarios encierra sólo algo de verdad y no es regla común aplicable a todos los casos. Él sostiene sus argumentos sobre la base del pragmatismo; es la parábola del ciempiés paralizado: a un ciempiés se le preguntó cómo era posible que moviese todas sus patas tan coordinadamente, y cuando empezó a reflexionar y teorizar sobre ello, el ciempiés entró en una maraña intelectual y se sintió incapaz de volver a caminar fluidamente. El ciempiés es el empresario. Su pragmatismo le impide comprender el funcionamiento de los sistemas complejos, y no entender realidades como:

a) Que el aumento de las exportaciones no tiene por qué suponer un incremento del empleo. Generalmente un aumento de exportaciones viene contrarrestado por los bancos centrales con subidas de tipos lo que lleva a una reducción de otros puestos de trabajo que compensarían los que se han creado por el aumento de las exportaciones.

b) Que la inversión extranjera de capital lamentablemente nunca va acompañada de superávits en la balanza comercial, al contrario de lo que los empresarios piensan. Y eso es una verdad matemática porque forman parte de la balanza de pagos que siempre debe estar equilibrada. Y pone acertadamente el ejemplo de México de los 80 y los 90.

Afortunadamente, Krugman es lo suficientemente listo como para no depositar la incapacidad de los empresarios para gestionar un país en la razón del tamaño (Estados Unidos es 200 veces más grande que la empresa más grande del mundo: General Electric), aunque lo deja caer… sino en dos razones:

a) Pragmatismo. El empresario, como decía Ros Perot, tiene que levantar el capó y tocar el motor. Sin embargo, Krugman sostiene que un país debe llevarse sobre la base de unos principios generales, y no sobre estrategias. Estrategias como la potenciación de determinadas industrias (¿se referirá al coche eléctrico?) de modo similar a como el empresario impulsa determinadas áreas de negocio.

b) Una empresa es un sistema abierto, pero una economía debe analizarse como un sistema cerrado: una acción positiva en un sentido genera consecuencias negativas en otros. Hay que evaluar esas contraindicaciones y medir si compensan o no.

A los empresarios les recomienda tener la humildad suficiente como para reconocer que de economía no saben lo suficiente -comenzando por la terminología- volver a la Universidad y empollar. Porque, como decía Keynes, la economía es una asignatura técnica y difícil. Y a los demás nos recomienda que no hagamos mucho caso a un empresario cuando habla de economía, salvo que sepamos con seguridad que domina el tema.

En realidad, el libro tiene otra lectura: bajo una colección de grandes verdades el autor desvela la preocupación del economista americano por el poco éxito en términos de riqueza que su profesión logra, y defiende su rol frente al de un competidor desleal, el empresario, que con el éxito económico y muchas veces con más reconocimiento que un economista de universidad acaba ocupando puestos de responsabilidad que en puridad deberían ocupar sus colegas economistas, y por supuesto él mismo. Escribir un artículo para reconocer un complejo es duro. Es probable que estos mismos argumentos los haya arrojado delante de cualquier Presidente del Gobierno que se le aproxime. Era lo que les faltaba a los empresarios: históricamente han sido los malos de la película por explotar al trabajador, y ahora también lo son por quitarle el trabajo al economista.

Transparency vow

El autor de este resumen/crítica es empresario.

Adjunto
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