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Causas y remedios de las crisis económicas. El debate económico Hayek-Keynes, 70 años después (Reseña del libro de José Luis Feito)

La visión de Hayek mostraba rigurosamente cómo las políticas monetarias laxas, indebidamente aplicadas cuando aparecen los estertores de la expansión, no sólo pueden ser inútiles para impedir la recesión sino que incluso pueden acentuarla, pero analizó mal o insuficientemente la fase recesiva. A Hayek se le puede imputar el error de haber utilizado su modelo para extraer medidas de política económica aplicables a situaciones distintas de las que caracterizan la zona de inflexión de una etapa expansiva, el pensamiento keynesiano es análogamente culpable de haber incitado la instrumentación de políticas económicas expansivas fuera del ámbito destinado.

El autor combina la retrospectiva con la prédica de la ideología liberal. Los acontecimientos de 2008 le sirven para recuperar un viejo ensayo que publicó en 1999 (cuando a nadie le interesaba las crisis económicas; esto aumenta el valor del ensayo porque no está tintado con las emociones de 2008), actualizarlo, y comparar las distintas perspectivas que ofrecieron los economistas Keynes y Hayek en la Gran Depresión. A ambos les concede aciertos y errores pero, como liberal que es, hay un cierto tono de condescendencia a favor de Hayek.

Título del libro: "Causas y remedios de las crisis económicas. El debate económico Hayek-Keynes, 70 años después". Editorial: FAES. Autor: José Luis Feito. 1ª edición: 1999 (Ensayo del Círculo de Empresarios – Título original "Hayek y Keynes: el debate económico de entreguerras (La polémica sobre las causas y remedios de las recesiones)". Segunda edición ampliada: invierno 2008. 111 páginas. Precio: gratuito (descargable desde www.fundacionfaes.org).

Sobre el autor

José Luis Feito (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Complutense de Madrid. Técnico Comercial y Economista del Estado, inició su actividad profesional en el campo de la informática y posteriormente trabajó en el Ministerio de Economía y Hacienda y el Banco de España.

Ha sido director ejecutivo del Fondo Monetario Internacional y Embajador de España ante la OCDE.
 
Ha sido incluido en el listado de futuros candidatos a presidir la CEOE.

¿Qué tiene de interesante el libro? ¿Para quién es este libro?

Durante estos últimos tres años hemos leído mucho sobre economía. Se ha debatido sobre qué acciones tomar, quiénes tenían la culpa de lo ocurrido, qué había que hacer para que no volviese a ocurrir, qué nuevo paradigma podría sustituir al capitalismo, etc. Este libro huye de debates partidistas y en formato académico nos cuenta:

a) El debate similar que ocurrió en el pasado (la Gran Depresión).

b) Las propuestas económicas que se hicieron.

c) El origen de todas las medidas que hoy acaloradamente discutimos y su origen intelectual.

El ensayo es de lectura recomendada para economistas y aquellos interesados en economía. El lector obtendrá tras su lectura un conocimiento mucho más denso sobre economía teórica y no sobre medidas más o menos populares.

Reseña-crítica

"Alguien dijo que la economía es similar a la sismología porque el progreso de ambas disciplinas exige que se produzcan seísmos de inesperada intensidad".

"A veces, un modelo formal y sofisticado es meramente un vehículo tan potente como cualquier otro para equivocarse elegante pero rotundamente".

"Keynes entendió la década de la depresión mejor que Hayek pero Hayek entendió mejor su siglo".

En 1929 la Reserva Federal americana (FED) subió los tipos al comienzo de la depresión, en lugar de bajarlos, y permitió la quiebra de innumerables entidades bancarias. Esta nefasta gestión de la política monetaria y del sistema financiero llevada a cabo por la Reserva Federal y las Administraciones tanto de Hoover como de Roosevelt fue sin duda una de las causas fundamentales de la Gran Depresión. La política monetaria instrumentada por la Reserva Federal al inicio de los años treinta fue plenamente concordante con las ideas de Hayek, empezando por la subida de tipos en 1929 para "pinchar" la burbuja bursátil.

Desde la obra clásica de Friedman y Schwartz (A Monetary History of the United States..., 1963), la mayoría de los economistas especializados en la historia económica de aquellos años consideran que estas medidas, que en su mayor parte fueron aplaudidas en su momento por Hayek y otros partidarios del patrón oro, fueron decisivas para transformar lo que hubiera sido una seria recesión en la Gran Depresión.

La opinión pública y la clase política solicitaban a los economistas una explicación y un programa de política económica que permitiera remontar la depresión.

En 1932 Arthur Cecil Pigou, el economista clásico por excelencia, junto con Keynes y otros economistas de Cambridge, redactaron una primera carta publicada en el Times solicitando un aumento de la inversión pública para paliar la depresión.

Esta propuesta fue contestada en otra carta firmada por Hayek, Robbins y otros economistas de la London School of Economics. Estos autores criticaban la idea de que fuera posible reactivar la economía mediante un aumento del gasto público financiado por deuda pública ya que ello entrañaría una reducción de los fondos prestables a disposición del sector privado, y por tanto un aumento del coste de su financiación una vez se restableciera el clima de confianza. Hayek, al igual que su maestro Ludwig von Mises, llevaba uno o dos años prediciendo una gran crisis bursátil y económica en Estados Unidos.

Keynes envío una contra-réplica en la cual argumentaba que la violenta crisis económica había dislocado completamente los mecanismos financieros capitalistas que habitualmente transforman el aumento de ahorro en un aumento correspondiente de la inversión. Esto impedía que la contrapartida de la reducción del consumo fuera un aumento del ahorro y con ello de la inversión. Además, la reducción del consumo se traducía directamente en una caída de la renta nacional que minaba la inversión y disminuía el ahorro hasta que dicha variable igualaba la menor inversión. La caída de la renta nacional, a su vez, realimentaba la caída del consumo propagando oleadas depresivas que, según estos autores, sólo se podían atajar instrumentando políticas fiscales expansivas que incentivaran el gasto privado y aumentaran la renta nacional.

En definitiva, Hayek y Keynes recomendaban políticas económicas radicalmente opuestas entre sí.

Keynes, sin duda, ganó su debate con Hayek en los años treinta. Su victoria se debió, sobre todo, a la mayor capacidad de su teoría para explicar los acontecimientos de aquella década. La década de los treinta fue la década de un mundo en descomposición económica. La opinión pública buscaba desesperadamente una explicación y unas soluciones. Keynes se lo dio, mientras que Hayek preconizaba un injustificado nihilismo terapéutico. Ese gran error de Hayek oscureció durante muchos años los aspectos más valiosos de su mensaje.

Keynes entendió la década de la depresión mejor que Hayek pero Hayek entendió mejor su siglo.

La propuesta de Hayek

 

Friedich August Von Hayek

Libros: "Monetary theory and the Trade cycle" y "Prices and Production", publicados respectivamente en 1929 y 1931.

El éxito de sus libros le valió el nombramiento como profesor de economía de la LSE y residiría ya en Inglaterra, haciéndose ciudadano británico, hasta su marcha a Estados Unidos en 1950. Acabó sus días como profesor de ciencias morales y sociales de la Universidad de Chicago, y no como profesor de economía. ¿Por qué pasó de ser héroe a villano? La respuesta está en el debate que tuvo con Keynes. NOTA – Con el tiempo, su figura se rehabilitó por los monetaristas y Hayek obtuvo en 1974 el Premio Nobel de Economía.

Para Hayek, el origen de la Gran Depresión en Estados Unidos se debía buscar en la política monetaria excesivamente expansiva aplicada por la Reserva Federal durante la segunda mitad de los años veinte.

El error estaba en que la FED sólo se preocupaba por la estabilidad de precios, y el nivel de los tipos de interés reales necesario para alcanzar el objetivo de inflación del Banco Central puede ser en ocasiones, especialmente en etapas de intenso avance tecnológico como fue la de los años veinte, inferior al nivel de tipos de interés que sería necesario para controlar el ciclo económico e impedir los excesos de crecimiento y la subsiguiente crisis económica.

El resultado según Hayek fue un crecimiento excesivo y desequilibrado de la inversión:

a) Crecimiento excesivo porque no había sido financiado por flujos equivalentes de ahorro voluntario de las empresas e individuos sino por un ahorro "forzoso" derivado de la inflación del crédito, y por ende de los medios de pago, provocado por la política monetaria expansiva. Por ahorro forzoso, por tanto debe entenderse un ahorro que no se ha conseguido renunciando voluntariamente a un mayor consumo sino que ha sido compatible con el crecimiento del consumo.

b) Expansión desequilibrada de la inversión porque inevitablemente el aumento excesivo del stock de capital se había destinado a desarrollar la capacidad productiva de uno o varios sectores por encima de su nivel sostenible en equilibrio (excesos de producción).

Parte de la inversión es ahorro forzoso, y la parte de inversión así financiada será una mala inversión que terminará siendo liquidada antes o después. La eliminación de ese exceso de inversión constituye la depresión.

Con el esquema teórico de Hayek no tenía sentido ni una política monetaria expansiva ni, mucho menos, una expansión del gasto público. Lo primero llevaría a aumentar el ahorro forzoso y acentuar el problema de la sobreinversión en unos u otros sectores haciendo más grave aún el ulterior ajuste de la economía. Lo segundo, el aumento de la inversión pública y consiguientemente del déficit presupuestario, entrañaría una reducción del ahorro voluntario agregado de la sociedad y encogería los fondos prestables disponibles para iniciar la recuperación de la inversión privada.

Una crisis originada en última instancia por la generación excesiva de liquidez sólo se puede resolver mediante la destrucción del exceso de capacidad acumulado y la reasignación de factores productivos hacia sectores que puedan prosperar sin depender de crédito barato y abundante.

El defecto de la propuesta de Hayek

1) No consiguió aportar criterios definitivos para identificar las condiciones que definían una política monetaria expansiva.

2) Era un modelo inservible para orientar la política económica en la situación de aguda crisis económica y sistemas financieros. Es decir, entiendes por qué estás en la mierda, pero no sirve para salir de ella.

La propuesta de Keynes

John Maynard Keynes

A diferencia del esquema de Hayek, el modelo keynesiano partía de supuesto de desempleo masivo de recursos productivos.

En estas condiciones, el incremento de la inversión pública y del déficit presupuestario combinado con una política monetaria expansiva induciría un aumento del nivel de renta y con ello del flujo de ahorro agregado sin generar tensiones inflacionistas.

El modelo de Keynes se adaptaba especialmente bien a las circunstancias de la Gran Depresión.

Describía con mayor precisión el funcionamiento del mecanismo de ajuste entre los flujos de ahorro e inversión. Este ajuste, como Keynes mostró, se lleva a cabo conjuntamente por los tipos de interés y por los movimientos de la renta y el empleo. La depresión genera depresión y los tipos de interés, por muy bajos que sean, no pueden contrarrestar el hundimiento de las expectativas de beneficios.


¿Por qué el aumento del ahorro voluntario en Hayek induce a un aumento de la inversión y del ritmo de crecimiento económico, mientras que en Keynes, por el contrario, ocasiona una caída de los niveles de renta e inversión?


Por los diferentes puntos de partida. Hayek concibe un aumento gradual de ahorro y contempla unos empresarios ávidos de financiación para expandir sus inversiones, como suele ocurrir en condiciones de pleno empleo, Keynes considera aumentos bruscos de ahorro y empresarios asustados por la coyuntura.

En Hayek el tipo de interés era el mecanismo esencial que igualaba lo que se invertía con lo que no se consumía en la comunidad. En Keynes no aparece, es inoperante. Keynes situaba la fuente de la recesión en los movimientos del ahorro que no acarrean incrementos de la inversión de similar envergadura.


La distinta dimensión temporal entre los modelos de Hayek y Keynes


El modelo de Hayek pretendía explicar la transición desde la cima del auge hasta la sima de la depresión dentro de la referencia temporal de estos ciclos de medio plazo (5-7 años en el siglo XIX).

En Keynes el tiempo se mide en trimestres: los movimientos de los precios y la producción están fundamentalmente dominados por las variaciones de la demanda.

Keynes terminó abandonando su creencia en la existencia de ciclos de auge y depresión por los que inexorablemente debía discurrir la economía. Consideraba, pues, que el comportamiento de la economía en un periodo relativamente corto se debía representar analíticamente centrándose en un reducido número de variables agregadas, algunas de las cuales se podían controlar adecuadamente para garantizar un crecimiento estable y controlar así las oscilaciones cíclicas. Keynes traía consigo una justificación de dicho mensaje y una revolución del método de análisis para abordar los problemas económicos más acuciantes de su tiempo.


¿Quién tenía más razón?


La visión de Hayek mostraba rigurosamente cómo las políticas monetarias laxas, indebidamente aplicadas cuando aparecen los estertores de la expansión, no sólo pueden ser inútiles para impedir la recesión sino que incluso pueden acentuarla, pero analizó mal o insuficientemente la fase recesiva.

A Hayek se le puede imputar el error de haber utilizado su modelo para extraer medidas de política económica aplicables a situaciones distintas de las que caracterizan la zona de inflexión de una etapa expansiva, el pensamiento keynesiano es análogamente culpable de haber incitado la instrumentación de políticas económicas expansivas fuera del ámbito destinado.

El keynesianismo divulgó la idea de que la política económica anticíclica podía mantener las economías capitalistas funcionando permanentemente a pleno empleo y con estabilidad de precios, de manera que el paro era responsabilidad de las políticas de demanda agregada del Gobierno y no de las instituciones del mercado de trabajo que regulaban las condiciones de oferta de este factor de producción.

La visión de Hayek sobre el ciclo económico se muestra de aplicación más general que la de Keynes.

Crisis como la de los años setenta en Europa, como las de la deuda exterior y otras muchas padecidas por países en vías de desarrollo, o las sufridas recientemente por Japón y los países del Sudeste asiático, nos recuerdan la importancia de la principal admonición hayekiana que con tanta frecuencia se ignora: que el aumento del stock de bienes de capital no siempre es un fenómeno positivo, que la inversión puede ser excesiva y estar compuesta de proyectos de mala calidad.

E, igualmente, Hayek tenía razón cuando decía que la crisis sería más suave, la recuperación más vigorosa y duradera, cuanto menores fueran las rigideces institucionales que impiden que los salarios reales y otros precios relativos se ajusten al exceso de oferta del mercado correspondiente.


La recomendación Feito


Las políticas monetarias y fiscales suficientemente expansivas son imprescindibles para impedir la quiebra del sistema financiero en su conjunto y mitigar la gravedad de la crisis. Pero incluso con ellas, no se podrá impedir el hundimiento o el ajuste intenso de muchos sectores económicos y el consiguiente aumento del desempleo.

La política financiera expansiva, incluyendo la inyección de liquidez que sea necesaria para impedir una cadena de quiebras bancarias, es imprescindible para impedir la insolvencia del sistema financiero y eludir una crisis devastadora.

Una vez asegurada la solvencia del mecanismo de pagos de la economía, la flexibilidad de los mercados de bienes y de factores productivos es esencial para reasignar lo más rápidamente posible los recursos productivos y asentar sólidamente las bases de la ulterior recuperación.

En otras palabras, aplicar Keynes en el corto plazo y Hayek en el largo.

TRANSPARENCY VOW

El autor de este resumen no tiene vinculaciones ni con el autor ni con la Fundación que publica el libro.

Adjunto
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Comments (1)

  • Jesús Montesinos Cervera

    Jesús Montesinos Cervera

    05 Julio 2011 at 10:20 | #

    Antonio.
    Enhorabuena por el magnífico resumen.

    reply

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