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Entre Águilas y Dragones - El declive de Occidente

(Ed. Espasa)

Entre Águilas y Dragones - El declive de Occidente

Entre águilas y dragones. El declive de Occidente. Ed. Espasa Ganador del Premio Know Square al mejor libro de Empresa en su 11ª edición.

Comienza este libro Emilio Lamo de Espinosa, Premio Know Square al mejor ensayo publicado en España durante el año 2021, con una frase de Churchill para dar ánimo a todos los escritores: “escribir un libro comienza siendo un juego o un entretenimiento, después se transforma en una amante seductora, luego se convierte en un amo, más tarde alcanza la categoría de tirano, y, por último, cuando uno ya acepta la servidumbre impuesta, el autor termina por matar al monstruo”.

Según Lamo, el mejor predictor del futuro sigue siendo el pasado, excepto cuando la historia entra en un punto de inflexión, como ocurre actualmente, y de forma similar a lo que ya ocurrió con la caída de la Unión Soviética en 1991. Cree que lo que aflora con fuerza es una sola civilización mundial, y que, por tanto, es urgente en todo el Occidente, en Europa, en España, ajustar de nuevo la conciencia al ser; es urgente aprender a pensar, y a vivir, el mundo como totalidad, pues es cada vez más cierto que las principales decisiones políticas, económicas, de seguridad, tecnológicas, no se toman en La Moncloa o en la Carrera de San Jerónimo, sino mucho más lejos: el futuro de España está fuera de España.

Insiste el autor en que el mundo acusa la reaparición de viejas tentaciones particularistas y etnocéntricas al tiempo que, paradójicamente, se acelera la globalización. Todo muestra el mismo síndrome: miedo al futuro, miedo al mundo emergente y, como reacción, regreso a un pasado de intocadas esencias míticas, al proteccionismo y nacionalismo económicos, o a la defensa de supuestas identidades culturales, casi todas inventadas hace poco. Cree Lamo que más que protegernos del nuevo mundo, debemos lanzarnos a él. Y que España y Europa, más que mirar al pasado y hacia adentro, deben mirar al futuro y hacia fuera, que hace falta más Europa, no menos, y que hace falta ya mismo, no mañana. El principal reto de Europa es como lidiar, en tanto que Europa, con el resto del mundo: “Mientras la prosperidad se extiende, el poder cambia. Hay que tratar de mirar a Europa desde el mundo, y no solo el mundo desde Europa, en el espacio, y en el tiempo”.

El año 1989 es una fecha clave para el autor, año que define y completa la consolidación de la revolución de 1789, y como símbolo más visible, la caída del muro, que separaba Berlín en dos, separaba las dos Alemania, y un tercer muro, el del Telón de Acero que dividía Europa en dos. Es decir, la caída del muro realmente significaba la reunificación europea, y posteriormente la de toda la civilización occidental. 1989, por cierto, también nos trajo el nacimiento de Internet al mundo privado, casualidad quizás. Da comienzo la década más próspera de la historia humana, según Stiglitz, en la que se cobra el dividendo de la paz, pero que a la postre resultó ser un paréntesis que se cierra el 11 de septiembre de 2001.

 Cita Lamo de Espinosa que Europa es la primera y única región y cultura o civilización del mundo que tiene carácter universal, según decía Weber. Ver el mundo, y a nosotros con él, desde el punto de vista de la historia de la humanidad es el reto de nuestro tiempo. La paradoja, para el autor, es que ha sido la europeización lo que ha permitido al mundo emanciparse de Europa, lo que ha generado un mundo nuevo con el que no tenemos más remedio que lidiar. Europa ha ganado el mundo, pero en el camino se perdió a sí misma. Tras europeizar y occidentalizar el mundo, Europa presencia el fin de la era de occidente, e incluso el riesgo de ser ella misma des-occidentalizad. Europa ha conseguido reforzar y extender órdenes políticos basados en el estado democrático, en el rule of law, la separación de poderes, una sociedad civil fuerte y el respeto de los derechos humanos. En segundo lugar, ha conseguido reforzar y ampliar la prosperidad a toda Europa. En tercer lugar, y hasta ahora, ha conseguido gozar de una seguridad jamás vista. Pero para el autor, Europa sigue siendo un “OPNI”, objeto político no identificado. Fue Francia, no Reino Unido, quien rechazó el Tratado Constitucional, provocando un déficit institucional, especialmente en la política exterior y en la seguridad: no hay una persona en Europa a quien llamar, y Europa ha sido un gorrón de la seguridad americana desde 1945.

Para Lamo de espinosa, son tres las instituciones dominantes en el mundo moderno: la política, la económica y la cultural. La libertad económica no da todos sus frutos si no va acompañada de la libertad política. Casi la mitad del mundo vive en regímenes democráticos, la correlación entre democracia y prosperidad no es discutible: la inmensa mayoría de los países ricos son democracias, y la inmensa mayoría de las democracias son países ricos. Lo que se discute es la relación causal. La explicación está en las buenas instituciones y en las buenas prácticas. Y subraya que los humanos no sólo innovamos inventando, también ideando normas, organizaciones, como el estado de derecho o la ética. Sin buenas instituciones no hay crecimiento, su calidad asegura incentivos positivos para la población.

Sobre Rusia menciona que es una potencia sobrevalorada. Un inmenso país, el mayor del mundo, con once husos horarios, más resultado de la geografía que de la historia, ya que carece de fronteras naturales, que busca su seguridad en la profundidad estratégica, es decir, amplias zonas limítrofes pero controladas, que es fácil de invadir, pero muy difícil de ocupar y que tiene una desastrosa demografía y una amplia diversidad étnica: 143 millones de habitantes que decrecen a ritmo de 700.000 por año, fruto de una calamitosa sanidad. Su economía tampoco va bien: un PIB de 1,7 billones de dólares, inferior a Italia, Corea del Sur, Canadá y cercana a la de España. Rusia se ha transformado en otro petro-estado dependiente de la venta del gas y de su gran industria de armamento, dando lugar a fortalecer viejas tentaciones autoritarias y una inmensa corrupción. Nadie quiere ir a vivir a Rusia: sus fronteras son más para evitar salidas que proteger de entradas. Su capacidad de presión sobre Europa es notable, dada la dependencia de gas. Si bien sigue siendo una potencia carnívora, con un numeroso ejército, ha comenzado también a diversificar apostando por nuevas formas baratas de conflicto, como propaganda, fake news, ciberguerra, con la que pretende desestabilizar a sus enemigos.  El nuevo imperialismo de Putin ha vuelto a transformar la Europa del Este en una zona de tensión, competición y conflicto, impidiendo la adhesión a la OTAN de Ucrania y Georgia (resulta oportuno recordar que este libro ha sido publicado en el año 2021, antes de la invasión de Ucrania por parte de Rusia). De hecho, el sometimiento de la política exterior de Europa del Este (la finlandización) asoma de nuevo sus orejas: aprovechando la debilidad de EEUU y la ausencia de la UE, Rusia no desdeña oportunidad alguna de hacerse visible, ya sea en Siria, América Latina, Líbano... No camina hacia la UE, sino que pretende ser tratada como un poder global independiente.

La conclusión de todas las conclusiones es sencilla: el mundo necesita gobernabilidad global y esta no será esencialmente distinta de la clásica de la interna de los estados, que se ha basado siempre en la fuerza del derecho y el derecho de la fuerza.  Los Estados, para Lamo, antes de ser Estados de Derecho o democráticos, son Estados, y no existen sin el monopolio de la violencia que proporciona el bien social más apreciado, la seguridad. Si pretendemos entender el mundo globalizado, debemos recuperar el sentido originario del término civilización, pues lo que tenemos delante no es ni un conflicto, ni una alianza de civilizaciones, sino una civilización mundial que cobija a más y más culturas, pero al hacerlo, y al tiempo que les dota de instrumentos de supervivencia y revitalización, la racionaliza e impregna de formas estándar que son occidentales. Y como sabemos bien, la forma conforma el mensaje.

Libro recomendable, en fin, que incluye una referencia (una más como parte de una excepcional y concreta bibliografía), a Acemoglu y Robinson quienes en “Por qué fracasan los países”, sostienen que la prosperidad no se debe al clima, a la geografía o la cultura, sino a la calidad de las instituciones que deben asegurar incentivos positivos para la población. Ahora hablamos ya de una nueva oleada “autocratizadora”, que esperemos sea transitoria. La triada institucional de política, economía y cultura, debe generar democracia, mercado y ciencia, que no son piezas independientes sino lados de un mismo triángulo institucional cuyo centro debe ocupar la libertad del individuo: cada lado del triángulo refuerza a los otros dos. Libertad de conciencia, libertad de mercado y libertad democrática: tres expresiones de la soberanía del individuo, del ciudadano. Recomendable la lectura sosegada del “Epílogo para españoles”, que el lector encontrará al final de este ex.

 

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