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Éxito y Fracaso: Motivación para el cambio (Artículo)

En una sociedad tan competitiva como la actual, la tentación de calificar como éxito o fracaso cualquiera de nuestras acciones, está a la orden del día. Desde que nos levantamos por la mañana hasta que finalizamos nuestra jornada estamos continuamente autoevaluándonos y exigiéndonos al máximo, sacando conclusiones, muchas veces erróneas, sobre el resultado de nuestros comportamientos. Es cierto que es bueno hacer autocrítica, ya que nos ayuda a mejorar, pero siempre siendo conscientes de que el error, como el acierto, forman parte de nuestra experiencia vital.

If you can meet triumph an disaster

And treat those two Impostors just the same....

Yours is the Earth and everything that's in it

And -which is more- you'll be a Man, my son!

If, by Rudyard Kipling

 

Como una primera idea de partida, cabría decir que somos nosotros mismos, cada uno, quienes determinamos qué es el éxito y qué es el fracaso. Por lo tanto se trata de un concepto relativo.

De esta forma, nuestros niveles de éxito y fracaso los situaremos en función de diferentes factores: nuestras condiciones físicas, nuestra personalidad, la educación que hayamos recibido en la infancia, la presión del entorno, las expectativas que ponen en nosotros los demás y las que ponemos nosotros mismos, etc. De esta forma, por ejemplo, es evidente que, en una actividad deportiva,  nuestros objetivos no deberían ser los mismos si nuestras condiciones físicas son plenas o si, por el contrario, tenemos alguna limitación que nos impida hacer algún movimiento, que limite nuestra intensidad, etc. Nuestra percepción de éxito o fracaso, o lo que consideramos como tal, será por lo tanto radicalmente distinta si tenemos en cuenta estas limitaciones o no lo hacemos. No tenemos éxito cuando somos mejores que los demás, sino cuando nos superamos a nosotros mismos porque hemos alcanzado o sobrepasado nuestros objetivos.

En otros casos, consideramos que hemos tenido éxito si nuestras decisiones actuales son validadas por los resultados obtenidos en el futuro. Debemos considerar que, en muchas ocasiones, nos vemos obligados a tomar decisiones en circunstancias muy desfavorables, en entornos de gran incertidumbre o en los cuales no disponemos de toda la información necesaria para ello. En estos casos, a la hora de decidir, debemos tratar de juzgar con calma y luego tomar la decisión. Es posible que se demuestre posteriormente que ésta no ha sido la más acertada, pero no debemos lamentarnos por ello, ya que nadie puede anticipar el futuro con un 100% de éxito.

Como segunda idea, también nos podemos preguntar si éxito y fracaso son las dos caras de una misma moneda: si no existe el primero sin el segundo. Creemos que es así: desde que nacemos se produce una sucesión de éxitos y fracasos que van conformando nuestra personalidad. Éxito y fracaso son conceptos que surgen ligados a la competitividad: tenemos que ser mejores que los demás, ganarnos el cariño y el aprecio de los demás frente a otros, sentirnos más valorados, tener cosas mejores, ganar más dinero,….En unos casos cumpliremos nuestras expectativas y en otros no, la moneda caerá hacia un lado o hacia el otro, pero es la misma moneda. Somos nosotros mismos los que vamos incorporando a nuestro bagaje todas las experiencias, buenas y malas, y son éstas las que nos van moldeando y enseñando el camino a seguir. Para ello, el mejor catalizador de nuestros éxitos y fracasos es la humildad. Si hemos tenido éxito, ser humildes nos ayuda a relativizar éste, ya que no nos creeremos ni mejores ni peores por haberlo logrado. Si hemos fracasado, nuestra humildad nos permitirá aprender de nuestros errores y nos ayudará a mejorar y a no repetir los mismos en el futuro.

Por otro lado, podemos preguntarnos si, en nuestro proceso vital, es bueno fijarnos metas elevadas, que nos cueste trabajo alcanzar, ya que, si no lo hiciésemos, nos podría llevar a sentirnos personas fracasadas en nuestros proyectos. Sin duda, la respuesta es afirmativa. Fijarnos metas u objetivos que nos hagan salir de nuestra zona de seguridad o confort tiene una clara ventaja para nosotros: nos hace crecer como personas, nos permite aprender y llenar nuestra maleta de experiencias y conocimientos. Debe tratarse de objetivos alcanzables, pero al mismo tiempo desafiantes, retadores y ambiciosos (conceptos todos ellos relativos en función de nuestras circunstancias).

Además, la necesidad de "estar despierto", vigilante, experimentando algo nuevo que nos supone un esfuerzo, nos ayuda a evolucionar en un determinado sentido y a ir alcanzando metas intermedias que, en sí mismas, deben constituir un éxito en nuestro proyecto: no importa tanto si conseguimos o no el objetivo final, ya que, en el proceso que emprendemos para ello, aprenderemos y nos transformaremos (y eso es lo importante) en diferentes personas, con mayores experiencias y por lo tanto más enriquecidas en los personal. En este proceso tenemos que ser pacientes, no conformistas, pero si tener la suficiente paciencia para ser constantes y no caer en el desánimo. Y seguir avanzando. Como alguien dijo, "las cosas buenas vienen para los que saben esperar".

Un proceso de cambio.

En este proceso de transformación, que se nutre como hemos dicho de experiencias buenas y malas, de éxitos y fracasos, no todo el mundo se encuentra cómodo. Es habitual escuchar: "yo soy así y no voy a cambiar". Hoy en día se sabe con seguridad que tenemos la capacidad de transformarnos y cambiarnos a nosotros mismos de manera permanente. Solo necesitamos nuestro propio compromiso personal y ser capaces de seguir un camino que, en muchas ocasiones, nos parecerá desconocido, amenazante e incierto. Pero si somos capaces de iniciar esta andadura y de no sucumbir por el camino y sabemos valorar los avances, a veces mínimos, que vayamos logrando, nuestro éxito está asegurado.

Sin duda, en nuestra sociedad actual, estar dispuesto a ello es una clara ventaja competitiva. No todo el mundo es partidario del cambio, porque se trata de un proceso exigente que nos obliga a superar "nuestros límites", a abandonar aquello que tan bien conocemos y con lo que nos encontramos más seguros. Pero merece la pena, porque nos hace ampliar nuestras capacidades y horizontes personales.

En este año 2015 que comienza, abramos nuestras mentes, perdamos el miedo a lo que menos conocemos, relativicemos éxito y fracaso (bueno y malo, ganar y perder, mejor y peor,…) y, con seguridad, seremos más felices.

 

Lecturas de interés:

Dalai Lama, "Sobre la felicidad, la vida y como vivirla"

Pepu Hernández y Luis Fernando López, "Entrenar el éxito"

 

Adjunto
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