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La Economía Colaborativa, una realidad que cambia el futuro - Artículos más leídos 2015 - Abril

La Economía Colaborativa es considerada uno de los principales factores de cambio según los mayores "think tanks" del mundo. El uso masivo de la tecnología, la capacidad de disrupción de sectores y empresas muy establecidas, y sobre todo, la creciente y masiva aceptación de los usuarios en su dimensión de prosumidores hacen que empresas y gobiernos no puedan obviar su existencia.

Si hay alguna palabra que defina el actual momento social y económico, ésta es cambio. Si incluimos la tecnología, entonces es disrupción.

Según la ley de Moore, que originalmente aplica a la multiplicación de la capacidad de los chips de memoria, la extensión de las tecnologías de internet a todos los campos de la actividad económica sigue patrones exponenciales -en lugar de lineales-, originando cambios tan veloces y diversos que llegan a un punto donde resultan casi inaprensibles para el cerebro. Ello suele pasar cuando el cambio es masivamente adoptado por la sociedad.

Estos cambios crean riesgos y oportunidades desconocidas, alterando el estado que identificamos como normal de las cosas.  El mapa de las principales corporaciones del mundo ha cambiado sustancialmente en algo más de una década, y se ha generado una polarización económica y social desconocida en los países desarrollados desde que el crecimiento económico mundial post II Guerra Mundial permitió la expansión generalizada de las clases medias.

En la raíz de estos cambios está la democratización de la tecnología, la movilidad, y su aplicación a todos los sectores de la actividad económica y social. Comunicaciones, energía, banca, salud, alimentación, distribución,... pero también ONGs, partidos políticos, gobiernos,... algo que Moisés Naim aventuraba en relación con los nuevos equilibrios de poder o Jeremy Rifkin con la sociedad de la abundancia ante el coste marginal casi cero y los nuevos prosumidores (las personas se convierten a la vez en consumidores y productores).

Uno de los temas más disruptivos hoy es precisamente la incorporación de las personas a la función de producción, entendida como aquella que hasta hace poco sólo realizaban estructuras establecidas normalmente como empresas con la tradicional organización vertical, dominando desde el diseño, las funciones operativas y la distribución. Un precedente clásico de esta nueva etapa lo constituyen los blogs, donde cualquiera puede convertirse en creador de noticias u opinión, o Twitter en sus manifestaciones más recientes. Aunque quizá no con la misma calidad, hoy cualquiera puede poner en la red una noticia, hacer un magnífico artículo de opinión, o modestamente, contribuir desde lugares como esta página a expandir conocimiento que pretende ser útil para interpretar los cambios económicos y sociales que afectan los procesos de decisión.

Pero donde la función del prosumidor cobra todo su significado es en la cadena de nuevas actividades que las plataformas tecnológicas posibilitan en lo que algunos vienen a llamar "economía colaborativa", también llamada "sharing economy", "peer to peer economy", "on demand economy", entre otras definiciones.

Sin entrar ahora en el detalle de los distintos significados, el concepto base es que las personas o incluso las empresas, a través de plataformas informáticas ad hoc, pueden vender, compartir, prestar u ofrecer casi cualquier tipo de bien o servicio de una forma eficiente y bastante segura. Es quizá el alter ego del modelo de oferta unidireccional y masiva de productos que ha imperado y sigue haciéndolo desde el siglo XX, donde las empresas, que normalmente integran la mayoría de factores de producción en sus estructuras, ofrecen a consumidores más o menos pasivos sus lotes de producción. Este sistema sustenta el modelo de consumo constante que aún hoy sigue vigente en la mayoría de las sociedades desarrolladas.

Hay varias razones que apoyan el éxito de estas plataformas de economía colaborativa (que definiré como PECs en lo que sigue):

1. Permiten rentabilizar activos o capacidades ociosas o improductivas, o incluso crear nuevas ofertas allí donde no llega o compite la oferta tradicional.

Se pueden generar ingresos de activos físicos (viviendas, coches, maquinaria,...), prestación de capacidades personales (bancos de tiempo), oferta de autoproducción (posiblemente energía en el futuro, productos manufacturados,...), nuevos sistemas de financiación (préstamos, capital, donaciones), canales alternativos de formación (MOOCs), etc.

Ello es especialmente importante en la situación actual de crisis económica que algunos denominan estancamiento secular, donde más allá de la recuperación de los excesos de la etapa anterior, estamos viviendo un cambio de modelo económico con una sustitución estructural de trabajo humano por tecnología en un número cada vez mayor de actividades. Es lo que muchos denominan la tercera revolución industrial, o de los átomos a los bits.

Merece aquí la pena hacer una breve reflexión sobre el impacto de la EC en el mercado de trabajo, sin ánimo de profundizar en un tema tan complejo. Es evidente que la tecnología sustituye factor trabajo conforme la digitalización avanza, pero es cierto que la nueva revolución del internet aplicado a casi todo genera la necesidad de nuevos puestos con perfiles versados en análisis y gestión de datos, uso de tecnologías nuevas, investigación e innovación, nuevas formas de marketing y venta, por citar sólo unas pocas. El balance neto es complicado pero sin duda ya está habiendo un período de desacoplamiento entre capacidades de personas y puestos necesarios. La EC en sí como parte del movimiento tecnológico no es ajena a lo anterior, si bien su aplicación a las personas genera interesantes casos como TaskRabbit en EEUU donde las personas ofrecen sus habilidades a través de la plataforma, o el movimiento de crowdsourcing. Lo que sí parece posible es que muchos nuevos tipos de trabajo sean distintos, más flexibles, on-demand y precarios que los contratos de trabajo que hemos conocido hasta ahora.

Las PECs pueden incluso vertebrar los intercambios en sectores o geografías más remotas a través de la creación de comunidades allí donde los competidores incumbentes no llegan por costes de implantación o de servicio, produciendo un acercamiento entre la función de producción y la de uso/consumo. Es el caso de las PECs de consumo colaborativo que consiguen incrementar el poder de compra de los asociados al tiempo que se fomentan valores de consumo sostenible.

2. Creciente preferencia del pago por acceso frente a la propiedad de los bienes.

Los altos precios de muchos bienes duraderos unido a los factores del punto anterior y una creciente conciencia de sostenibilidad hacen más conveniente en muchas ocasiones el pago por acceso frente a la compra. ¿Cuánto tiempo efectivo usamos nuestro vehículo? ¿Cuánto tiempo ocupamos la plaza de garaje que tenemos en propiedad? ¿Cuántas veces usamos el taladro que compramos para hacer unos cuantos agujeros en la pared?

Hay todo un cambio de mentalidad en ciernes y no sólo en las nuevas generaciones. Un consumo más racional es una de las respuestas más sensatas al proceso interminable de acumulación de bienes que ha dominado a muchas sociedades en los últimos años. Además, su rentabilidad para el usuario es dudosa.

Ello implica todo un cambio de paradigma para el modelo de empresa centrado en la exclusiva función de producción y distribución. No existirá capacidad de consumo para un sistema de producción sin límite.

3. Los precios son frecuentemente más convenientes que a través de operadores tradicionales.

Contratar un apartamento a través de Airbnb o un coche a través de Uber puede ser más económico y en ocasiones más conveniente, por la multiplicación de ofertas, que a través de un operador tradicional. Ello no es extraño ya que en ocasiones los precios están regulados o las empresas han de hacer frente a costes establecidos y cargar sus márgenes comerciales para justificar su rentabilidad.

Frente a ello, los nuevos oferentes disfrutan de costes de escala rápidamente decrecientes y los participantes en las plataformas ya disponen de los bienes, con lo que su coste directo es cero.

4. La experiencia del cliente (customer experience) cuenta.

Los clientes buscan cada vez más una experiencia en el servicio. Frente a la oferta estandarizada de productos de las empresas tradicionales, las PECs ofrecen experiencias nuevas, y en muchos casos más satisfactorias por la combinación de unicidad y tecnología. Alojarse en un apartamento en París o conocer en tiempo real la localización de un conductor de vehículo así como su perfil e historial de experiencia de otros usuarios es una propuesta que compite con la oferta establecida. Realizar un curso sobre cualquier materia en Coursera o Khan Academy puede resultarnos más útil que un tedioso y rígido programa convencional más generalista, y seguro que más caro.

En el campo del crowdfunding hay una auténtica revolución tecnológica y las alternativas son cada vez más amplias. El común denominador es que los clientes quieren transparencia, sea para invertir en un proyecto como accionistas o prestamistas, o para donar fondos ante la campaña de un partido político o para financiar las iniciativas de una fundación.

5. Los avances tecnológicos posibilitan ofrecer a gran escala lo que hasta ahora era una práctica limitada.

Siempre se ha compartido o colaborado y el hecho no es nuevo. Lo que lo eleva a nivel de fenómeno social es el número masivo de transacciones que permiten los nuevos marketplaces, denominación anglosajona de las PECs.

El factor más importante es sin duda que las PECs, una vez construidas, permiten una rentabilidad rapidísima si tienen éxito social. Una vez más, ejemplos de la sociedad de coste marginal cero, un modelo de producción donde los costes de transacción más allá de un punto son irrelevantes y el precio cargado por la plataforma es beneficio para la misma en su casi totalidad.

Hay que recordar que Internet es ya colaborativo en su ADN. Es en sí un protocolo en código abierto, que no tiene dueños y donde la regulación y la gestión las realizan agencias teóricamente independientes, como la FCC, ICANN o IETP.

En suma, la economía colaborativa es una bienvenida competencia frente a las empresas y operadores tradicionales, cuya esencia en muchos casos no ha cambiado a lo largo de décadas. Los clientes pagan por experiencias, conveniencia y no sólo por precio. La buena noticia es que cada vez más  empresas incumbentes están innovando para adaptarse a la nueva competencia.

Ahora bien, el debate sobre la economía colaborativa tiene muchas aristas y no es objeto del Artículo como este profundizar en los detalles. No obstante, sí puede ser útil realizar algunas reflexiones que hoy están encima de la mesa.

a) Si bien la economía colaborativa podría ser una forma de empoderar a los participantes realizando transacciones a través de plataformas alternativas a los canales tradicionales, ¿no es cierto que está dando lugar a monopolios similares a los operadores tradicionales?

Hay un gran debate entre los defensores de una economía colaborativa donde las personas están en el centro y las plataformas deberían ser propiedad de los participantes, o que de alguna forma los beneficios de las PECs se canalicen hacia los participantes. De otra parte, está la visión de los diseñadores y constructores de las mismas, que entienden que la creación de un marketplace es una iniciativa empresarial por la cual el capital que invierten ha de obtener rentabilidad y que los participantes se benefician ya por transaccionar en las PECs. Hay plataformas donde se paga por ser miembro, en otros casos por transacción, y por supuesto, hay plataformas donde la participación no tiene coste.

La dinámica de los hechos está haciendo que las plataformas de éxito se consoliden rápidamente, de alguna forma haciendo irrelevante a la competencia comparable, si bien dadas las economías de escala que internet permite, pueden siempre existir PECs de nicho.

Airbnb y Uber son a día de hoy las plataformas más valiosas en capitalización con $10 mil millones y $40 mil millones, respectivamente. En el primer caso, y con menos de 10 años de vida, Airbnb opera en 192 países, 30.000 ciudades y ofrece tantas o más habitaciones que las mayores cadenas hoteleras del mundo. En París, la primera ciudad turística del mundo, Airbnb ofrece más de 40.000 apartamentos y sigue creciendo. Hoy en día, el tener activos físicos no es garantía de predominancia en la rentabilidad, sino que puede ser incluso un obstáculo. En el nuevo modelo económico, el no disponer de activos físicos no es óbice para facturar y ser más rentable que la competencia convencional.

Una derivada importante y quizá no suficientemente entendida es que las tecnologías de internet permiten crear "economías de red". En éstas, la acumulación monopolística es posible (ATT podría ser la mayor compañía de comunicaciones del mundo si de economías de red se tratara) y la regulación ha de encontrar la forma de evitar situaciones de posición dominante, máxime cuando la tecnología no respeta fronteras con las implicaciones geopolíticas y socioeconómicas que puede generar.

b) ¿Qué tipo de regulación y fiscalidad, tanto de las PECs como de las actividades generadas por los participantes a través de las mismas, debería existir para equilibrar el juego de mercado respecto a los operadores tradicionales?

Este es un debate central y crispado que está encima de la mesa de las autoridades de la competencia y reguladores, y de los operadores tradicionales que han de cumplir con una normativa en la prestación de servicios, especialmente en el sector de alojamiento, logística y transporte de viajeros en núcleos urbanos o en carretera.

La regulación pretende dotar de unos parámetros de sostenibilidad, servicio, transparencia y competencia  que protejan y den las mejores opciones al usuario, catalogados por tipo de servicio y en ocasiones con precios regulados por tratarse de servicios de gran uso social. Las estructuras impositivas para los prestadores tradicionales de productos y servicios están claras y consolidadas por una práctica de décadas.

Las PECs a través de internet dinamitan este campo de juego relativamente estable, conocido y prescriptivo en su regulación. Siendo claro que actividades de contenido económico con contraprestación han de pagar impuestos (parece claro que las plataformas sí lo hacen), la cuestión de la regulación es más sensible. Dada la transparencia informativa de las plataformas y la huella reputacional que queda de los intervinientes, es posible que la protección de los usuarios esté significativamente reforzada por mecanismos de autorregulación dentro de las propias PECs.

Parece que las tendencias de los reguladores podrían ir por una regulación "proporcionada", y en ningún caso por la aplicación de normas equivalentes a los operadores tradicionales. Hemos de asumir que vivimos en un mundo de más opciones, y por tanto de más riesgo, donde es imposible conjugar regulaciones de modelos económicos del siglo pasado a actividades bajo plataformas que ofrecen todo tipo de productos y servicios de forma ubicua. Las fronteras de la regulación se resquebrajan y los países han de regular mirando además la competencia que suponen las PECs en otros países.

c) ¿Está el cliente tan protegido como cuando adquiere un servicio a través de un operador tradicional?

Dada la novedad de estas plataformas, hay que decir que el mapa de riesgos se va configurando conforme avanza el uso masivo. Podríamos decir que los riesgos fundamentales son los siniestros causados por el uso del bien o los riesgos de experiencia fallida.

Los segundos son ampliamente subjetivos, y en cualquier caso se minimizan a través de la transparencia de la información de las plataformas y las opiniones de los usuarios previos. El concepto de reputación digital de los participantes a través de las PECs reduce sustancialmente las malas prácticas, informando de la experiencia de usuarios previos, y  eventualmente expulsando a los participantes que no cumplen con lo que prometen.

Los riesgos normalmente cubiertos por una póliza de seguros posiblemente deban adaptar el clausulado específico para recoger el nuevo régimen de uso. Interesantemente, hay compañías de seguros como la francesa MAIF que están invirtiendo en plataformas como la también francesa Koolicar dedicada al car-sharing, posiblemente para tomar experiencia sobre nuevos contratos de seguros para automóviles.

d) ¿Es la economía colaborativa una moda transitoria?

La morfología de la economía colaborativa está en fase de desarrollo y normalmente las plataformas se crean a partir de startups, fundamentalmente en EEUU y en Europa. Hay una gran mortalidad en los proyectos iniciales y básicamente copan todos los sectores, por lo que es pronto para extraer conclusiones definitivas. Las plataformas de éxito global son una fracción de las que surgen al principio y además la escala que toman expulsan con cierta facilidad a los competidores ("The winner takes all").

Parece que con la excepción de las plataformas que tienen éxito partiendo del modelo startup y creando un marketplace, es posible que muchas otras sean adquiridas por los operadores incumbentes para integrarlos en su estructura y desarrollar actividades que no eran posibles o fáciles desde la estructura de la corporación. Este podría ser el caso de los acuerdos de BMW con JustPark. No sería de extrañar una entrada de las entidades bancarias en las plataformas de crowdfunding no ya como inversores parciales sino para integrar el servicio en su  plataforma de servicios a clientes.

Al final, la economía colaborativa ofrece una nueva forma de entender las actividades e interacciones que complementa las actividades tradicionales, integrando al usuario en una función más amplia que la de simple consumidor de los productos. Es difícil que esta capacidad otorgada pueda de nuevo eliminarse volviendo al statu quo anterior.

Jeremiah Owyang, CEO de Crowd Companies y uno de los gurús de la EC, es tajante afirmando que a menos que se prohíba internet  la EC seguirá creciendo y progresando.

e) ¿Es cierto que la economía colaborativa sólo afecta a unos sectores y no a otros?

Los sectores en los que los nuevos modelos han tenido más éxito son los sectores de alojamiento y espacios, transporte en ciudad o carretera, producción 3D (Etsy), educación (Coursera), financiación (Kickstarter), por citar a unos pocos de los principales.

Pero dado que la EC no es una tecnología de nicho sino una nueva forma de entender las relaciones entre proveedores y consumidores, todos ellos participantes, su alcance está llegando a todo el espectro de actividades aunque con distinto nivel de intensidad, en función de las barreras de entrada o capacidad de crear escala global. Es útil visualizar el mapa propuesto por Jeremiah para constatar ejemplos concretos en donde ya existen PECs desintermediando actividades prestadas por operadores establecidos.

f) ¿Qué están haciendo las empresas o proveedores tradicionales ante la emergencia de competidores como las PECs?

Ya hemos visto la velocidad con que los nuevos operadores pueden establecerse creando nuevas comunidades en casi cualquier país y trastocando el entorno competitivo. En las empresas o sectores afectados la nueva competencia es vista como ventajista, aprovechando la ausencia de regulación específica, mientras que no es el caso de los incumbentes, y generando situaciones de arbitraje regulatorio. Aquí los esfuerzos de los grupos de presión se dirigen hacia la exigencia de condiciones casi equiparables al de las actividades reguladas. En otros casos las empresas no piensan que sus modelos de negocio vayan a estar afectados a largo plazo, entendiéndose la nueva competencia como un fenómeno transitorio.

Hay sin embargo actitudes más constructivas, que van desde el:

Sponsoring, como el caso de Barclays, Santander o Citi con el cycle sharing,

Invertir o comprar, como el caso de Avis con Zipcar o el mencionado de Maif y Koolicar. Google es uno de los mayores inversores en Uber y grandes bancos están invirtiendo en Lending Club o Prosper

Acuerdos con terceros como W Hotels que ofrece sus mejores espacios a través de la plataforma DesksNearMe o Patagonia, que ofrece ropa outdoor de segunda mano a través de Ebay.

Ofrecer no sólo el producto sino también el servicio, como hace BMW que alquila por horas vehículos de su parque en varias ciudades alemanas y en San Francisco. Es usar los activos para vender acceso, no el producto.

Recirculación de productos como Trocathlon para material deportivo usado o Bricohogar para ofrecer maquinaria y utillaje con pago por uso temporal. FLOOW2 ofrece un interesante caso de sharing de maquinaria en el campo B2B.

Otro caso sintomático es Be Mate, una réplica de Airbnb creada por el propietario de la cadena RoomMate donde se generan sinergias entre la gestión de los apartamientos y los servicios que ofrece el hotel facilitanto la experiencia al cliente.

En resumen, parece que las empresas no pueden obviar modelos de negocio que tienen el respaldo masivo de clientes actuales o potenciales, y habrán de una forma u otra integrar más en su ADN corporativo el carácter colaborativo de la interacción con sus clientes y proveedores dentro de su cadena de valor.

g) ¿Qué está haciendo el sector público ante la emergencia de plataformas colaborativas que ganan rápidamente millones de adeptos?

Además de los ya comentados aspectos de regulación y creación de un entorno de competencia apropiada, hay dos aspectos cruciales que afectan a la estrategia del sector no privado y a los gobiernos en su función de facilitadores del sistema económico y social en sus territorios respectivos.

De una parte, y si la EC está desintermediando actividades prestadas por el sector privado, ¿es posible imaginar formas de simplificar ciertas actividades realizadas por el sector público para hacerlas de formas menos costosa y más eficiente?

De otra parte, ¿de qué manera la irrupción de la EC dentro de la economía general de un país altera la dinámica económica? ¿añade o detrae PIB? si generan actividad económica, ¿es sustitutiva de otras existentes y cuáles son los efectos agregados sobre la economía o particulares sobre los sectores afectados? ¿cómo afecta a los equilibrios en la gestión de cada país?

Hasta ahora, parece que la tendencia de crecimiento de la riqueza tiene bastante conexión con la rápida urbanización en cada vez más contados núcleos urbanos frente a la dispersión de población. Quizá la pregunta es si además de la apuesta por las smart cities (ciudades tecnológicamente conectadas) que cada vez más ciudades realizan, ¿debería existir una estrategia de país o de ciudad a favor de la sharing economy? Uno de los problemas de España y no es exclusivo de nuestro país, es la aceleración del éxodo a las ciudades desde el campo. ¿Puede la EC crear incentivos para reequilibrar en alguna medida el proceso de concentración poblacional?

Seúl quiere ser la primera sharing city mundial, San Francisco es campo indudable de prácticas de las startups de Silicon Valley, el gobierno británico ha encargado un estudio para convertir el Reino Unido en centro de atracción de talento e iniciativas de desarrollo de la EC, Francia es uno de los países con mayor número de cooperativas y mutualidades del mundo que tienen en su ADN el modelo colaborativo por esencia, con gran profusión de iniciativas líderes como Ouishare o Blablacar. Amsterdam también es pionera en actividades de promoción de la EC.

La asociación Sharing España ha sido creada hace unos meses y el interés  por la EC va poco a poco permeando en distintos foros como en Fide, una estupenda fundación con la que tuve la oportunidad de debatir con numerosos profesionales de varios sectores, tanto de la esfera pública como de la privada. Son pequeños pasos en la dirección correcta.

La pregunta es pues si España no debería tener una estrategia de desarrollo de las iniciativas de la EC, no sólo como campo de prácticas o de uso, sino de estímulo en la creación de plataformas e iniciativas que puedan desarrollar un alcance global y que estimulen el talento y la innovación. Aún no es tarde, aunque los principales países y sus empresas ya están muy avanzados.

 

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Comments (10)

  • María José Gómez Yubero

    María José Gómez Yubero

    22 Abril 2015 at 08:21 | #

    Gran artículo Enrique. Enhorabuena. Tocas todos los temas relevantes sobre la economía colaborativa de modo que has logrado que su lectura sea imprescindible para cualquiera que desee profundizar sobre este apasionante tema, que se ha convertido en una tendencia imparable. El reto es ver si somos capaces de coger la ola antes de que nos pase por encima o simplemente se nos escape. Todo un reto para empresas, grandes y pequeñas, nuevas y ya establecidas, para particulares, para reguladores y políticos. Como ocurre en mi opinión con el libro de Rifkin, es básico para entender lo que está pasando y cuál será el curso de los acontecimientos en los próximos años.

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  • Enrique Titos

    Enrique Titos

    22 Abril 2015 at 16:12 | #

    Gracias Maria José. Creo que es importante darse una vez más cuenta de que la tecnología es imparable y que produce modelos de negocio nuevos ante los cuales no cabe mirar hacia otro lado. Y son cada vez más las empresas que se dan cuenta y dan un paso para ofrecer productos como servicio. Las personas necesitan cada vez más una interacción distinta con sus proveedores habituales porque tienen nuevas opciones. Y la creación de conversaciones constructivas y realistas es fundamental porque si no lo haces tú quizá lo haga tu competidor.

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  • María Eugenia Cadenas

    María Eugenia Cadenas

    24 Abril 2015 at 08:04 | #

    Excelente artículo, es muy completo y profundo. Enhorabuena. Muchas gracias por compartirlo, Enrique. De su lectura me surgen muchas preguntas y reflexiones, pero por motivos de brevedad, sólo formularé algunos. La primera cuestión es si la denominación Economía Colaborativa es la acertada cuando, más que colaboración, parece que lo que hay en realidad es una coincidencia de necesidades que se dan simultáneamente en el tiempo. Cuando dos o más personas hacen cosas simultáneamente no quiere decir que las hagan juntos y mucho menos que colaboren entre sí. Pienso que la colaboración implica necesariamente un fin compartido por dos o más sujetos que va más allá de sus intereses particulares, fin compartido que, en mi opinión, no se da en esta tendencia. Tal vez la denominación economía de la simultaneidad sería más fiel a la realidad que designa, pues la actual denominación podría encerrar una ficción. Por otro lado, ¿cuáles son los límites de esta tendencia? La economía colaborativa no sólo está tambaleando sectores asentados y tradicionalmente regulados sino que, además, lo que está cuestionando en el fondo es la actual configuración del derecho a la propiedad privada. Un ejercicio de la economía colaborativa llevado al extremo (imaginemos una regulación de un supuesto derecho de propiedad privada-colaborativa) tendría consecuencias imprevisibles y, posiblemente, nos retraería al pasado; todos tenemos en la memoria regímenes políticos que han coqueteado con este derecho y cuáles han sido las consecuencias de ello. Finalmente, ¿qué realidad social subyace a esta tendencia de consumo? ¿qué hay de frustración y narcisismo en ella?; tal vez esa consigna subliminal de nuestra sociedad de “puedes ser y tener lo que quieras” esté detrás de todo esto.

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  • Enrique Titos

    Enrique Titos

    24 Abril 2015 at 23:35 | #

    Gracias Maria Jesus por tu comentario. Haces reflexiones muy profundas, la materia las suscita y te animo a que no te dejes en el tintero porque contribuye a expandir la conversación y mi propia comprensión. Creo que el alcance y los límites de esta tendencia los irá definiendo la propia sociedad sobre la marcha.

    Como decía, la denominación de Economía Colaborativa no es única, y la economía de la simultaneidad que citas quizá se parece a otra definición que también cito: economía on-demand. La satisfacción de mi necesidad se produce cuando encuentro una oferta disponible que me interesa, por ejemplo, un estudio en Airbnb, que me ofrece esencialmente lo mismo que una habitación del Hilton. La segunda está en el activo de Hilton, y el primero está en el activo de una persona que lo tiene vacío, o parcialmente desocupado. Es similar al alquiler tradicional, lo que cambia es la flexibilidad, la conveniencia de precio y fechas, la propia experiencia de alojarse en un lugar no convencional, la multiplicidad de ofertas, en cualquier barrio, localización o tipo de alojamiento. En suma, las personas tienen más opciones que en la situación anterior como consumidores y como productores. Es colaborativo en tanto las personas interactúan o colaboran, eso sí, a través de una plataforma informática (que puede ser otro monopolio más), para satisfacer una necesidad a través de un mecanismo complementario, o quizá alternativo, al sistema actual.

    Pero si consideramos que la colaboración se da cuando dos o más personas hacen una transacción más allá de sus intereses entiendo que te refieres "económicos particulares" hay que pensar que no sólo existen las plataformas como Airbnb o Uber, sino todas las plataformas basadas en sistema de recompensa o de pura donación, donde un emprendedor social que puede ser una fundación o una asociación con un fin determinado encuentra vías para financiar sus actividades a través de crowdfunding en lugar de financiación de patronos o venta de servicios o apoyos de empresas o personas. Las personas encuentran ahora una vía para, desde la transparencia de cada proyecto, decidir realizar aportaciones que contribuyen por ejemplo, al desarrollo de un programa de atención a mujeres maltratadas por que le parece un objetivo loable. Estas plataformas desintermedian la función que antes podían realizar los Estados a través de las subvenciones y se incrementa la transparencia y el reconocimiento social de los proyectos, y seguramente, también el escrutinio sobre la gestión. En EEUU son miles las NGOs (Non Government Organisations) que existen como alternativa al estado de bienestar europeo y que pueden acceder potencialmente a la financiación a través de estas plataformas. El propio consumo colaborativo es un buen ejemplo: agricultores se unen en una plataforma para vender productos de forma directa a los consumidores, desintermediando a las cadenas de distribución alimentaria. En suma, hay muchas plataformas, el carácter y los sistemas de incentivos son muy variados, pero ello es objeto de otro post. Coursera ofrece cursos gratis de las mejores universidades del mundo de forma gratuita, siendo sólo necesario el pago para obtener la acreditación, si bien aún no están reconocidas en programas de estudios nacionales. Wikipedia es una enciclopedia donde cientos de miles de personas y empresas colaboran para actualizar un repositorio de conocimiento.

    Yo no creo que la economía colaborativa cuestione la propiedad privada, y no me parece antagónica, se trata de nuevas formas de movilización de recursos ociosos que tienen las personas, desde activos físicos a su propio tiempo y habilidades, y el cuestionamiento de los hasta ahora canales únicos de provision de productos o trabajo, hasta ahora las empresas e instituciones, y los sectores regulados. Ese es el auténtico debate: cómo se compite, o se colabora contra tecnologías que son globales, relativamente baratas y que dan soluciones eficientes y razonablemente seguras a las personas? Los coches de caballos y las casas de postas desaparecieron cuando el coche se demostró mejor alternativa para el transporte.

    Sin embargo, sí me planteo la duda de si estas plataformas siempre podrán cubrir las necesidades que satisfacen los operadores tradicionales, y en mi opinión ambos han de convivir. Si quiero ir a una ciudad donde no haya pisos de Airbnb siempre querré que haya un hotel como alternativa. Al final es una cuestion de rentabilidad y de costes de transición desde monopolios regulados que quizá ya no tienen el sentido que les vió nacer.

    Yo creo que está emergiendo una conciencia de mayor sostenibilidad dentro de una realidad económica que dista mucho de ser óptima por la brecha creciente de desigualdad. En EEUU, país natal de la economía colaborativa, su aceptación es exponencial y llevan varios años creciendo con tasas de paro de menos del 6%. Por tanto, no creo que sea sólo una respuesta a la crisis económica . Lo mismo sucede en Alemania, o Reino Unido, o Corea del Sur, etc...Yo creo que emerge una conciencia de consumo más racional, de reutilización de bienes ociosos a través de su oferta en las plataformas. Esa realidad económica parece que nunca volverá a ser como antes porque la tecnología está sustituyendo factor trabajo a un ritmo mayor al que lo crea de momento, por un problema de capacidades, conocimiento y habilidades adaptadas a las nuevas necesidades. Nada muy distinto de la transición entre cada una de las revoluciones industriales previas, pero con la diferencia de que las nuevas capacidades no se adquieren de forma tan rápida.

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  • Carlos Martínez Jarabo

    Carlos Martínez Jarabo

    26 Abril 2015 at 07:32 | #

    Enrique, gracias por un artículo tan argumentado y tan de actualidad, otro lujo más de Knowsquare.

    Por una parte, de acuerdo con las reflexiones de María Eugenia, pareciera que expresar algo distinto a la corriente de moda pudiera ser considerado como herejía, cuando creo que hay mecho sentido común en esas reflexiones.

    A la vez, de acuerdo con Enrique en explicitar que no podemos negar un cambio en las reglas del juego. Hacerlo significaría quedarnos fuera del partido.

    Como en casi todo, creo que el equilibrio puede venir por integrar ambos puntos de vista. Un tema de gran trascendencia para lo que va a ser nuestra vida durante los próximos años exige abrir los ojos a las nuevas realidades y, a la vez, estar muy atentos a que no todo valga. No es muy distinto a lo que afecta a reflexiones de tipo ético y moral, vivimos tiempos de conflicto continuo (y apasionante) en casi todo lo que nos afecta, esperemos ser capaces de gestionarlo con paz, serenidad y solidaridad.

    reply

  • Enrique Titos

    Enrique Titos

    26 Abril 2015 at 22:18 | #

    Gracias Carlos, efectivamente creo que hay que tener un enfoque pragmático y como en cualquier reto importante, ser capaz de abordarlo sin prejuicios y con argumentos desde todos los puntos de vista relevantes.

    reply

  • Augusto Fernández del Pozo

    Augusto Fernández del Pozo

    27 Abril 2015 at 11:51 | #

    Enrique, muchas gracias por centrar el tiro con tu esmeradísimo trabajo. Nos has ahorrado un montón de horas de lecturas con tu capacidad de síntesis. Y he de decir que me ha gustado que te adelantaras a los comentarios, publicando tú mismo las FAQ. Enhorabuena.

    Adicionalmente a todo lo expuesto, me gustaría recalcar que la realidad es que existe y existirá una tensión creciente entre las empresas colaborativas y el mercado tradicional, que les acusa de no ceñirse a las reglas, costumbres y obligaciones del mercado "formal" (regulado por ordenamientos jurídicos de la era predigital)

    Es responsabilidad de los gobiernos la regulación de todos los actores (nuevos y tradicionales) en esta realidad, independientemente del debate si crean o no valor o es una vuelta a la economía del trueque...etc

    Pero el problema es el de siempre: la oportunidad política reflejada en número de votos y una pirámide de población avejentada, y ya sabemos que a los mayores no nos gustan las tecnologías..... No tiene rédito político regular esa tensión a favor de la nueva realidad.

    En fin que la tensión pasa de ser un problema con una solución razonable económica y socialmente, a un problema politizado.

    Y como anecdota (esperpento) a la velocidad de resolución de problemas politizados de nuestros legisladores, me referiré a la Ley Provisional sobre Organización del Poder Judicial, de 1870 y vigente 115 años.

    De nuevo, muchas gracias.

    reply

  • Enrique Titos

    Enrique Titos

    27 Abril 2015 at 16:06 | #

    Gracias Augusto por tus comentarios. La cuestión de la regulación es posible que tenga más que ver con la comprensión del alcance, considerando que es un fenómeno en formación, y posiblemente aún más con los temas más candentes, que son posiblemente qué hacer en el sector de los alojamientos, el transporte en ciudad y en carretera. En la parte positiva, se ha aprobabo la Ley de Crowfunding que aunque aún no está publicada en BOE parece que consolida la figura del inversor acreditado con amplias posibilidades de participación en financiación alternativa a la bancaria tradicional.

    Es posiblemente cierto que la agenda de regulación, lamentablemente se mueve a veces por impulsos de corto plazo, y es cierto que hay que tener una visión más estratégica, tema no fácil por ser como decía un proceso en formación.

    Sinceramente no veo en la población envejecida un reto sino una oportunidad. Entender sus necesidades y crear soluciones, que las habrá, mejores que las actuales. Creo bastante en la capacidad general para adaptarse a las nuevas tecnologías y fórmulas, siempre y cuando se aporten soluciones razonables y probadas. Precisamente España debería ser pionera en investigación de fórmulas para atender de forma colaborativa necesidades derivadas del envejecimiento y aprovechar nuestra condición de país puntero en sectores como el turístico. En mi opinión ese tipo de conversaciones las que hay que tener.

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  • José María Castellón

    José María Castellón

    27 Abril 2015 at 21:45 | #

    Enrique, gracias por compartir este artículo tan amplio sobre las oportunidades que surgen velozmente de las nuevas tecnologías. Me pregunto cuáles serán finalmente las limitaciones de la EC y si su aplicación se ciñe a la oferta de servicios (por ej. Uber), pero no a a la fabricación de productos (por ej. alguien tiene que fabricar el coche).

    Por otro lado, creo que existe una graduación de la EC que va desde actividades que por su naturaleza pueden ser muy "colaborativas" a otras que sólo lo pueden ser un poco. Yo diría que todas las actividades en las que el consumidor contribuye a la generación del producto o servicio son "colaborativas", pero esa contribución puede ser escasa (por ejemplo, dar una opinión a través de una plataforma) o muy significativa (por ejemplo, un intercambio de casas). Lo ves así?

    Por ultimo, en mi opinión la EC es la economía de la "eficiencia" por existir una desintermediación que abarata productos y servicios. Además, permite asignar capacidad ociosa que, en caso contrario no seria utilizada, lo cual vuelve a resultar en un mayor abaratamiento.

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  • Enrique Titos

    Enrique Titos

    28 Abril 2015 at 21:40 | #

    Gracias Jose María por tus comentarios. Como he tratado de explicar, la EC es de una parte lo que posibilita un sistema de plataformas tecnológicas de mercados alternativos y por otra parte representa un cambio de mentalidad o actitud, y en este caso, una mayor interacción entre nuevos tipo de productores y no sólo consumidores ofreciendo sus recursos ociosos. Y ahí también entran las empresas, con una actitud más proclive a unirse a la tendencia ofreciendo sus activos con pago por acceso en lugar de sólo ofrecerlos para la venta. Sin duda no será fácil que la manufactura sea sustituida por la tecnología en el sentido de "producir" cosas tan complejas como un coche, porque los costes de inversión seguirán siendo muy elevados y por tanto sólo accesibles a las empresas mas "verticales" o digamos empresas establecidas. Dicho esto, la impresión 3D está en los albores y hay grandes expectativas de que puedan fabricarse productos crecientemente complejos.

    Y participo contigo de que la EC aporta eficiencia, ya que incrementa la competencia al incrementarse la oferta, lo cual reduce los márgenes en los sectores tradicionales y a favor de los dueños de las plataformas y por supuesto, beneficiando a los nuevos participantes productores que ponen sus recursos en las plataformas.

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