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La infancia en España 2014 (... y nosotros en nuestro mundo feliz)

La gran mayoría de los indicadores sobre la situación de la infancia en España han empeorado durante los últimos años. Pero los desconocemos porque seguimos viviendo en nuestra urna de cristal. Algunos son tan llamativos como que la pobreza de un hogar aumenta de manera directamente proporcional al número de niños que viven en él. Por otro lado, si incorporamos perspectiva temporal, es obvio que los niños son actores clave en la sostenibilidad del sistema de bienestar social a medio plazo de una sociedad cada vez más envejecida. Así lo pone de manifiesto el informe “La infancia en España 2014”, editado por UNICEF, Comité Español, publicado en junio de 2014, que resumo a continuación. Recoge en 68 páginas su tercer informe bienal sobre la situación de la infancia en España.

El texto empieza subrayando que los principales indicadores sobre la situación de infancia en España han empeorado a partir de 2009, no solo los relacionados el riesgo de pobreza y las privaciones materiales sino también los de malnutrición. En un contexto donde las políticas de infancia han sido objeto de recortes especiales, el informe pide que la inversión en los más pequeños adquiera el papel crítico que le corresponde en el nuevo modelo socioeconómico que necesitamos.

Invertir en la infancia es clave

Hay muchos argumentos éticos, económicos y políticos para invertir en la infancia. Pero uno es incontestable: las privaciones temporales que experimenta un niño tienen un efecto irreversible en sus capacidades futuras y, por extensión, en las de la sociedad.

La apuesta política y social por los niños es imprescindible. Los niños no solo son importantes en el ámbito doméstico ni solo un asunto de sus familias. Todos debemos tener en cuenta lo siguiente:

  • Aunque los más pequeños son actores clave en la evolución y la sostenibilidad de cualquier sociedad, por edad no participan directamente en las decisiones políticas y económicas.
  • El coste electoral de no realizar inversiones y cambios de calado en la infancia es pequeño ya que no tiene efectos visibles a corto plazo.
  • El futuro debe escribirse y posibilitarse desde el respeto a los compromisos y los principios de solidaridad entre generaciones, donde el ejemplo más claro de desafío es la importancia de los hoy niños para el sistema público de pensiones cuando las generaciones del babyboom seamos mayores.

Se trata de una tarea urgente y necesaria para evitar la adversidad en los escenarios futuros y el agravamiento de la sostenibilidad del sistema que tanto nos ha costado cimentar.

¿Hacia un país sin niños?

Según datos del INE, la tendencia es que en 2023 haya casi un millón menos de niños y niñas menores de 10 años que en la actualidad (un 20,4% menos) y que, en los próximos 40 años nazcan 14,6 millones de niños, un 24% menos que en los últimos 40 años. Es decir, la magnitud del cambio económico y social está servida.

Actualmente la tasa de fecundidad en España es de 1,32 hijos por mujer, muy lejos de la tasa de reemplazo generacional del 2,1 a pesar de que tanto hombres como mujeres coincidimos en que querríamos tener dos o más hijos. El mismo deseo comparte prácticamente todo el mundo desarrollado, pero solo se aproximan a los 2,1 países como Francia, Irlanda, Suecia o el Reino Unido, todos ellos con unas políticas de infancia y familia que generan un triple impacto:

  • Sobre los derechos, el bienestar y el desarrollo de los niños y las niñas, como la garantía de recursos básicos, el acceso a servicios de calidad y de educación temprana, y la disponibilidad de tiempo de sus padres para ellos.
  • Sobre el bienestar de los progenitores.
  • Sobre la sostenibilidad de los sistemas de seguridad social, especialmente los que tienen que ver con la solidaridad intergeneracional.

Una sociedad más desigual desde la infancia

La infancia debe ser una época de igualdad de oportunidades, más que ningún otro periodo en la vida, que no debe depender solo de los ingresos o las capacidades de los padres.

Las distintas fuentes de información sobre las dimensiones del bienestar de los hogares –empleo, ingresos y condiciones de vida– coinciden en mostrar un retrato muy desfavorable de la situación de los hogares con niños. En España, el número de hogares con niños en los que todos los adultos están sin trabajo es de 943.000, casi el triple que en 2007. Pero además, se puede decir que el bienestar de una familia es inversamente proporcional al número de niños: la tasa de pobreza en hogares con dos adultos es del 14,8% cuando no tienen niños, del 23,3% cuando tienen niños y del 46,9% cuando tienen tres o más niños.

El sistema de impuestos y prestaciones en España, caracterizado por la práctica inexistencia de prestaciones de carácter familiar, ha sido siempre uno de los menos efectivos en redistribuir las rentas familiares de toda la Unión Europea. La inversión pública en políticas de protección social de infancia y familia en España es del 1,4% del PIB frente al 2,2% de la UE28 o un 2,3% de la UE17. A su vez, el gasto per cápita es de 270€ frente a 510€ (UE28) o 613€ (UE17).

La educación es uno de los derechos de los niños y niñas que más capacidad tiene para romper el círculo de la pobreza y la exclusión social. En España contamos con altos niveles de fracaso escolar (el 23,1% de los alumnos acaban ESO sin obtener la titulación) y abandono educativo temprano (el 23,5% no continúan los estudios tras la ESO, el peor porcentaje de Europa duplicando prácticamente la media de la UE) así como con unos limitados resultados educativos según el informe PISA. Todo ello muy ligado al nivel de estudios del padre o la madre.

¿Cuánto invertimos en los niños?


Los compromisos con los derechos de la infancia hay que buscarlos en los presupuestos más que en las leyes, en las declaraciones o en las políticas. Basta con decir que en España son un tercio menos que en la UE, y que la dotación presupuestaria para infancia, donde un 65% se destina a educación, ha caído en términos reales un 6,8% desde 2007.

Otros escenarios son posibles


Es muy arriesgado resignarse a que el ideario social o cultural asuma que los niños molestan, como a veces parece, y muy injusto que en la crianza de los hijos e hijas no sólo no haya un reconocimiento social sino un castigo práctico en forma de pobreza, obstáculos a la carrera profesional o sobrecarga de responsabilidades.

Pero las situaciones actuales y los escenarios mencionados son reversibles. Se puede cambiar desde las actitudes sociales y desde las políticas económicas, fiscales o de empleo más globales hasta las más específicamente relacionadas con la infancia, que deberían tener en cuenta la capacidad solidaria entre los miembros de las familias extensas (especialmente de las personas mayores con sus hijos y nietos). Una solidaridad que ha sido clave para amortiguar el fuerte revés socioeconómico de los últimos años, muy superior a los pequeños decrecimientos porcentuales de un PIB que no refleja la situación real del día a día de las personas porque la ciudadanía en general, y las familias en particular, realizan importantes aportaciones invisibles en términos de cuidados personales y dedicación solidaria no cuantificada a “lo común”.

La necesidad de un Pacto de Estado por la infancia


En coherencia con lo anterior, UNICEF Comité Español propone un Pacto de Estado por la Infancia articulado en unos elementos generales (marco legislativo, participación infantil y seguimiento de la inversión en infancia, coordinación y evaluación) y otros específicos (lucha por la inclusión social de la infancia y apuesta por la educación de calidad e inclusiva).

Indicadores de bienestar infantil


Por último, el informe propone un detallado sistema de indicadores de seguimiento y gobierno del Pacto que es especialmente clarificador.



El informe se puede descargar pinchando aquí

Adjunto
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