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La teoría anuncia la nueva revolución industrial - Artículo

Después de cinco años, el [b]Premio Know Square al Mejor Libro de Empresa[/b] es ya un indiscutible referente y centro de atención. Es deseado por autores y editores, como lo muestra el número de títulos presentados en esta última edición y certifica un bienvenido incremento en el número de autores nacionales y, como no, la masiva asistencia –más de 400 personas- a la ceremonia de entrega del Premio.

Pero, dicho esto, lo más relevante del premio entregado este año es una curiosa constatación de que el proceso normal por el cual el conocimiento se antepone a la práctica se ha roto. En esta ocasión, es la realidad del avance técnico la que fuerza a los pensadores a explicar no solo lo que ha pasado sino a especular con el futuro, un futuro del que además no sabemos nada porque no imaginamos sus límites, entre otras cosas para resolver lo que entendemos que será un gran problema para la sociedad en general.

Como miembro del jurado he leído más de 30 libros entre los que están nueve de los diez finalistas y algunos más de los que pasaron el corte para competir por entrar en esa lista de los diez libros que aconsejamos leer para saber en qué dirección se mueve el mundo de la empresa, la sociedad y algo más, desde la subjetividad de un jurado a pesar de los perfiles diferentes que acumulamos. En este sentido son más coincidentes los libros que desde un tiempo a esta parte son el reflejo de la incertidumbre reinante y que certifica el cambio que se produce en la sociedad.

Esto no es malo si somos conscientes de ello y ese es el núcleo de este comentario. Repasando las diferentes épocas en las que se han producido cambios sociales de importancia, el proceso responde a un cierto orden en el que el pensamiento es previo a la acción y a la transformación. Incluso en el caso de la imprenta el conocimiento se antepone al cambio; la impresión lo que hace es reducir los tiempos del cambio.

El libro ganador lo refleja muy bien. El título, “De cero a uno”, es ya bastante expresivo y el texto lo es aún más. Pero igual pasa con el libro de Zeldin y el resto de los que podemos encontrar en esa lista de los diez libros magníficos que elegimos y algunos más de los que apartamos para llegar a esa cifra, siempre una convención, de la decena. Fuera de ésta, y es una curiosidad, han quedado los que, aunque buenos libros, analizan el pasado inmediato o realidades a las que estamos más acostumbrados, mientras los que entraron en esa lista tienen el nexo común de afrontar el presente y las incertidumbres que genera este crecimiento exponencial de muchas de las prestaciones tecnológicas que hoy son comunes y ayer eran un futuro distante.

El cambio es tan rápido que tenemos que formular teorías para asumirlo y lanzar algunas hipótesis. Hemos superado tantas cosas en filosofía que casi tendríamos que escribir ahora un libro copiando el título de la obra cumbre de Schopenhauer “El mundo como voluntad y representación”. No tendría el significado que le da el autor alemán pero está claro que el Nuevo Mundo, ese que desconocemos y hacia el que vamos, necesita de voluntad e imaginación para pensarlo y representarlo.

Cuesta leer, por ejemplo, objetivos y estrategias que se lanzan para convencer a los millennials cuando resulta que estos ya se empiezan a quedar calvos y los integrantes de la Generación Z ya son prescriptores de muchas cosas, se incorporan al mundo de la dirección de empresas y están haciendo cosas para esa generación que ya ha empezado pero que todavía no sabemos cómo calificarla, en un rasgo más de la incertidumbre que hay en el ambiente.

Theodore Zeldin lo apunta en su libro finalista cuando habla de la superación de los miedos. No duda Peter Thiel en su “De cero a uno” ganador, pero quedan dudas sobre si su apuesta por el futuro es válida. Es muy práctica pero no sabemos si nos gusta; es irremediable dirán algunos. Posiblemente será verdad pero le falta algo; le falta, a mi juicio, la duda. Las acciones modifican el futuro pensado y eso él no lo tiene en cuenta.

En el colmo de esa incertidumbre está “Not knowing”, el libro de Diana Renner y Steven D’Souza un libro que se basa con acierto e imaginación en esa duda metódica y como reconocerla. O “Creando Innovadores”, que nos habla de experiencias muy novedosas en el campo educativo y, por supuesto, nos alerta de esta época de profundo cambio al que asistimos. O el libro de Luis Huete “Liderar para el bien común”. Todos intentan dar forma a una realidad que nos ha llegado y amenaza con superar lo que habíamos pensado hasta hace cuatro días. Quizá es la nota que diferencia este cambio social de otros de otras épocas.

Pero el Premio nos ha dejado más datos. Nos ha dejado la constatación de que el número de autores españoles es cada vez mayor, que la sociedad española tiene que adaptarse a los cambios y que la universidad tiene que estar más imbricada en la sociedad y ser núcleo de investigación y no sólo en las ciencias relacionadas con la tecnología, la medicina o la biología; tiene que ser más activa en la investigación social, uno de las grandes lagunas que, en mi opinión, falta. De la lectura de libros puede deducirse que, o no se hace investigación social o no se publica. Es un problema y hay que solucionarlo.

Después de cinco ediciones es hora de hacer un balance sobre el tema y esbozo el mío. Hemos visto libros de análisis social referidos a la sociedad en general que son dignos a tener en cuenta a la hora de pensar en buenos libros para leer además de los diez finalistas; hay estupendos libros sobre experiencias personales vividas o propuestas teóricas muy interesantes y en línea con obras de autores de diferentes nacionalidades, pero nos hace falta conocer más popularmente investigaciones que se hacen para las tesis doctorales y que seguro que completarían o darían lugar a más y novedosas reflexiones.

La apertura de universidades y empresas a los estudios de investigadores será muy interesante para establecer teorías, objetivos y estrategias de los que es el mercado español, por poner un ejemplo. Por ejemplo, me sorprende la sorpresa que causa que haya aumentado el número de empresas exportadoras, igual que me sorprende que con semejante fenómeno, las empresas que innovan hayan descendido de forma muy significativa en los años de la crisis. Interrogantes que hay que plantear para mejorar nuestras formas de análisis y de medir. Al fin y al cabo tenemos una muestra muy interesante formada por 45 millones de habitantes más 60 millones de turistas. No hay muchos países con esta composición tan curiosa.

 

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Comments (3)

  • Enrique Titos

    Enrique Titos

    01 Marzo 2016 at 06:21 | #

    Estoy muy de acuerdo Elías. Hemos entrado, quizá sin darnos cuenta de lo que implica, en un nuevo mundo de interdependencia, competencia y globalización dominada por tecnologías que permean fronteras de países y negocios y que requieren de actitudes y habilidades nuevas.

    Y un sentido de la exploración curioso y con disposición a equivocarse. Creo que los muchos buenos libros de los últimos años nos dicen eso.

    Y como país hemos de profundizar mucho más en qué capacidades hemos de crear para no ser sólo un país de compra de productos de fuera: en el extremo, Apple tiene unas pocas tiendas físicas, nos vende millones de sus dispositivos a través de webs de comercio electrónico, casi no paga impuestos en España, no tiene aquí actividades de innovación, de desarrollo, en suma su cadena de valor añadido está dispersa por otros países. Es cierto que somos país de destino de procesos importantes en la industria del automóvil, pero hemos de asegurar de que el futuro coche inteligente y autoconducido también se fabrica aquí.

    Urge en mi opinión hacer una lista de competencias y debilidades de país para mitigar las segundas y reforzar nuestras fortalezas para alinear las velas del barco en la nueva ruta de este complicado pero apasionante siglo.

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  • Elías Ramos

    Elías Ramos

    02 Marzo 2016 at 18:17 | #

    Gracias Enrique por tu comentario. E importante el último párrafo sobre ese DAFO que me temo que no se haciendo en los debates que están teniendo lugar estos días y que ahora veré lo que se ha publicado porque he andado fuera de Madrid y cfon poco tiempo para seguir el debate de investidura. Igual podía ser un taller porque me temo que nuestros representantes no tienen tiempo para minucias.

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  • Enrique Titos

    Enrique Titos

    02 Marzo 2016 at 22:33 | #

    Lo voy a intentar poner más claro. El no moverse ya es una opción, y el perder el tiempo en batallas internas como las de los ultimos meses, aún siendo nucleares para la convivencia en el país, son debates ya superados, o no presentes, o no de la importancia como para oscurecer la estrategia de competitividad en que están los principales países. Se está configurando el estatu quo del siglo XXI y España no está ahí. Y no podremos preguntarnos en 10 años el por qué. Es muy sencillo: porque no estamos siguiendo el camino de los países que protagonizan su futuro.

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