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Las circunstancias de una novela (Fernando el Católico. El destino del rey)

Mi novela Fernando el Católico. El destino del rey empieza con un cometa que anuncia el nacimiento del futuro rey. No todos los historiadores, pero sí algunos, hablan de un cometa, o cometas, en este principio de la vida de Fernando el Católico. En aquel momento, según nos cuentan algunas fuentes, al rey se le consideró un predestinado, una especie de mesías. Sin duda esto me llamó la atención cuando leí La mirada del poder, de Pedro González-Trevijano, el origen de mi interés por Fernando y por tanto el origen de mi novela Fernando el Católico. El destino del rey (Imágica Histórica).

El libro de González-Trevijano me gustó mucho y lo recomiendo desde aquí. Es un libro sobre arte y sobre política, sobre Historia, un ensayo sobre los diez personajes históricos más importantes, según el autor, relacionándolos con las representaciones pictóricas –también hay fotos– que les hicieron con fines políticos. El autor estudia pues la función propagandística, dentro de la política y la Historia, la posteridad, de esas obras artísticas.

Uno de los personajes estudiados por González-Trevijano es Fernando el Católico, y fue el que más me llamó la atención. Así se lo dije cuando le entrevisté para la revista Época: le dije que Fernando era el que más me había gustado, y coincidimos.

Me atrae Fernando por muchas razones, y no es la menor su personalidad. Hernando del Pulgar destaca su “comunicación amigable”, razón por la que la gente, según Del Pulgar, se animaba a servirlo. Debía de tener un gran don de gentes. Pero Fernando era famoso en toda Europa por ser un gran político, para muchos el inspirador de El Príncipe de Maquiavelo. En el epílogo del libro, que necesariamente se parece a este artículo, digo que después de leer el ensayo de Maquiavelo encuentro que Fernando reúne las cualidades que da el tratadista italiano como características del perfecto príncipe. Maquiavelo habla de muchos personajes para ejemplificar esas cualidades, entre ellos Fernando el Católico, pero yo veo, después de haber estudiado el personaje, que Fernando reúne todas esas cualidades.

Por cierto, ahora que hablo del estudio del personaje creo que debo decirlo. Escribí esta novela, y me documenté para ella, hace seis o siete años, empezando el proyecto en mi cabeza, imagino, cuando leí La mirada del poder y entrevisté al propio González-Trevijano sobre el libro, en su despacho. Entonces era rector de la Universidad Juan Carlos I y ahora es magistrado del Tribunal Constitucional.

Fernando el Católico. El destino del rey es el séptimo libro que publico y mi segunda novela publicada, novelas históricas en este caso. Mi otra novela publicada se llama Cid Campeador y me dio aún más trabajo que esta de Fernando el Católico. La gran diferencia que encuentro entre ellas, aunque se relacionan en muchas cosas, como mi amor creciente a la Historia y mi gran interés por los personajes, es que para hacer Cid Campeador viajé bastante, mientras que para Fernando el Católico no lo hice, pero seguramente no como una decisión consciente sino como algo propio de las circunstancias. Y es que recuerdo bien el verano en que la escribí, la redacté –el hecho material de escribir–.  Me acuerdo que yo por aquella época vivía en Montepríncipe, en Boadilla del Monte, y que jugaba al tenis con Pedro Ruiz, con el que comentaba la escritura de mi libro. Me acuerdo cómo llevaba mucho tiempo leyendo y estudiando a Fernando el Católico y su época. Recuerdo que hubo un momento en que me harté, literalmente, de documentarme y que entonces tuve el impulso de empezar a escribirla, y la escribí muy rápido, no mucho más allá de un mes. Luego la corregí, por supuesto, y años después la revisé de nuevo, beneficiándose el libro de todo el proceso editorial.

Ahora que lo pienso, le vino bien este parón de los años, tanto que cuando la retomé con vistas a la publicación me gustaba más que cuando la escribí. Me había separado del libro y podía juzgarlo con más ecuanimidad. No sé si les pasará a otros escritores, pero a mí los libros, después de escribirlos, es tanto el trabajo personal que llevan encima… que me resbalan, en el sentido de que no los puedo valorar, saber si me gustan o no, o apreciar sus cualidades. Alberto Vázquez-Figueroa, al que considero uno de mis maestros, me recomendaba dejarlos descansar un tiempo antes de darles la última revisión. Con este libro desde luego fue así. Después de unos años retomé el proyecto y no sólo comprobé que me gustaba mucho el libro, sino que pude trabajar para mejorarlo.

Fernando el Católico. El destino del rey es una novela muy sencilla que recorre, entre la Historia y la ficción, la vida entera de Fernando el Católico. La novela, tras el nacimiento de Fernando en forma de prólogo y una pequeña contextualización histórica, empieza con el viaje que realiza nuestro protagonista desde Aragón hasta Valladolid para encontrarse con Isabel, la que será su mujer y reina de Castilla, y este encuentro sucede en plena guerra de Sucesión de Castilla. Fernando ayudará a Isabel a ganar esta guerra, y desde entonces serán casi inseparables, hasta el punto de que las decisiones las tomaban los dos juntos y que no se puede distinguir bien qué hacía el uno y que hacía el otro, aunque Isabel era reina de Castilla y Fernando rey de Aragón. Sin embargo, en el extranjero ya se les llamaba “reyes de España”.

 

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