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Lo que nos queda, tras el esplendor en la hierba (Artículo)

Nos encontramos en un momento de adormecimiento empresarial, de miedo, de inestabilidad laboral… Casi podríamos decir que estamos como aquel país de Saramago en el que todos los habitantes quedaban ciegos y debían afrontar el caos inventando un nuevo modelo, adaptado a sus nuevas e inesperadas circunstancias. Como a aquellos ciegos, nos resulta imposible reinventar nuestro sistema. Sólo pensamos en recuperar repentinamente la visión, en que todo vuelva como por arte de magia al punto anterior; ni vemos la salida ni parece que sepamos levantarnos de la depresión en la que nos tiene sumidos la inesperada, o no tanto, crisis económica que no acaba de abandonarnos.

"Aunque ya nada pueda devolvernos el esplendor en la hierba, la gloria de las flores, no lloraremos, sino que hallaremos nuestra fuerza en aquello que nos queda (*)"

Versos de un poema de Oliver Wordsworth, leídos por el personaje de Natalie Wood y oídos luego "en off" al final de la película "Esplendor en la hierba" (Elia Kazan, 1961)

Después del batacazo, no es ya tiempo de lamentaciones, de lamernos las heridas o de echarnos las culpas unos a otros.

Además del principal problema, y principal lastre a la hora de la recuperación, el paro, yo opino que nos quedan tres lacras, tres pesados fardos  (la baja productividad, la baja credibilidad de los agentes sociales, -no sólo de los políticos-, y nuestra falta de adaptación a un mundo que está cambiando muy deprisa). También veo, y ahí es donde quiero detenerme un poco más, tres esperanzas.

1ª esperanza: los jóvenes

El agua almacenada, cuando alcanza determinado nivel, siempre busca una salida que al final suele encontrar. Del mismo modo la energía potencial, sin aprovechar, que tienen los jóvenes y que liberada de forma desordenada puede arrastrarlo casi todo a su paso, con un cauce adecuado puede generar una tremenda energía para mover empresas, o iniciativas, un tanto alicaídas. Nunca hemos tenido una generación de jóvenes tan preparada como la de ahora, ni tan abierta a salir al extranjero, ni a colaborar en ONGs, pero tampoco hemos tenido nunca antes una generación a la que se le ofrezcan menos posibilidades de desarrollo y realización en un futuro próximo. O actuamos rápidamente, o en caso contrario tendremos ante nosotros la siguiente revolución social: la de los jóvenes, que también en España van a rebelarse ante la vida que les espera a la mayoría de ellos.

Hablamos mucho de innovación, de planes para fomentarla, de subvenciones de todo tipo pero, al final, las mejores ideas salen de las cabezas más fértiles. Esas cabezas son, por ley de vida y con honrosas excepciones, las de los jóvenes. Al igual que muchos  artistas, como decía Picasso, esperan que cuando les llegue la inspiración les encuentre trabajando, para que nuestros jóvenes innoven es preciso que la inspiración no se les presente ni en el botellón ni mucho menos en la cola del paro, sino trabajando. Si de verdad queremos diferenciarnos de nuestra competencia en el servicio al cliente, si queremos dejar de maltratarlos como ahora hacemos en tantas empresas, pongamos a unos cuantos jóvenes en el lugar de nuestros clientes y que nos digan cómo les gustaría que se les tratase. Probablemente, esa información  nos ayudaría a volver a algunos principios básicos que se están perdiendo.

2ª esperanza: los inmigrantes

Con frecuencia se recuerda que en los años 60 del pasado siglo éramos un país exportador de mano de obra mientras que en los comienzos del siglo XXI los inmigrantes, de procedencias y culturas muy diversas, están aumentando sensiblemente su presencia en nuestro país compensando tanto nuestra baja tasa de natalidad como nuestro creciente rechazo a hacer según qué trabajos.

Aunque no siempre somos conscientes, lo cierto es que podemos aprender muchas cosas de ellos. Solemos ver a quien es capaz de dejar atrás su familia, su tierra y sus raíces, movido por la desesperación o quizás simplemente por el deseo de un futuro mejor,  como una amenaza: una amenaza para nuestros puestos de trabajo, para los de nuestros hijos o para la seguridad ciudadana. Pero quien ha sido capaz de arriesgar tanto dejándolo todo atrás, cuando opta a un puesto en igualdad de cualificaciones junto con un compatriota nuestro "acostumbrado a la buena vida" ¿no supone más bien una oportunidad para nuestras empresas? No es sólo cuestión de justicia, también lo es de eficacia.

3ª esperanza: un viejo país, y un viejo sistema con una mala salud de hierro

Durante las últimas semanas, muchos hemos sentido vergüenza de ser europeos ante la inacción de las instituciones, tan democráticas ellas, de la vieja Europa ante las nuevas felonías de los dictadores del Norte de África y Oriente Medio, a quienes hemos sostenido durante décadas en el poder. Por otra parte, como españoles también hemos sentido admiración -no exenta de cierta envidia- por la encomiable reacción del pueblo japonés ante las devastadoras consecuencias del terremoto y maremoto que han sufrido.

Sin embargo, siendo cierto lo anterior y cierta también la gravedad de la crisis que sufrimos creo que, después de todo, hay bastantes aspectos aprovechables en nuestro viejo sistema sobre los que construir algo nuevo que, sin duda, debe ser bastante diferente a lo que hoy tenemos. Con todos sus evidentes problemas, tenemos un tejido empresarial que será tanto más válido cuanto más dispuestos estemos todos (empresarios, directivos, trabajadores, sindicalistas,…) a adaptarlo a la nueva situación. Tenemos también un sistema democrático consolidado sin el cual -sin las garantías jurídicas de estabilidad que proporciona- es difícil hacer negocios. Y, finalmente, apuesto sin reservas por la defensa del "Estado del Bienestar" que algunos se apresuran -equivocándose en mi opinión- a querer desmontar como si tan sólo fuera un juguete que hemos construido en épocas de abundancia en las que no sabíamos en qué gastar el dinero que nos sobraba.

A este respecto, querría citar las palabras de John Kenneth Galbraith en una visita a España a mediados de los años 90, creo recordar. Más o menos vino a decir, no he podido recuperar la cita, algo parecido a que "en contra de lo que algunos piensan, el Estado del Bienestar no es una excrecencia indeseable del capitalismo, sino la razón fundamental de su larga supervivencia".

Pues eso, manos a la obra con entusiasmo, que pu Kennethede que si no, la ansiada reactivación económica esté a punto de llegarnos con la inspiración…

 

(*) En la versión original de la película, se leen y se oyen "en off" los versos originales:

"Though nothing can bring back the hour
Of splendour in the grass, of glory in the flower;
We will grieve not, rather find
Strength in what remains behind"

En la versión española de la película se traducen como:

"Aunque ya nada pueda devolver
la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores,
no hay que afligirse,
porque la belleza siempre subsiste en el recuerdo"

Yo he preferido usar una versión más literal, creo que menos nostálgica y más constructiva, y en todo caso más adecuada, en mi opinión,  a la situación actual de la economía y de nuestras vidas.

Adjunto
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