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Nunca tendremos otro día como éste (Artículo)

El pasado 18 de mayo tuve oportunidad de conocer a [b]Kerry Kennedy[/b], hija del senador [b]Robert F. Kennedy[/b], en la presentación en España del Centro que lleva el nombre de su padre. Esta circunstancia, y el hecho de que en noviembre se cumplan 50 años del asesinato del Presidente [b]John F. Kennedy[/b], me han llevado a recordar aquellos años, tan cruciales para tantas cosas.

Era 1.963 y por aquellas fechas me estrenaba como director de un periódico. El de mi clase de segundo de bachiller. Aquella noticia me hizo vibrar, aunque no tanto como para sospechar que mi profesión del futuro iba a estar relacionada con el periodismo y el mundo de la comunicación. Todavía faltaban casi diez años para estrenar mi número de la Seguridad Social como auxiliar de redacción.

La frase que da título a estas líneas la dijo JFK después de su famoso discurso de Berlín en el que, como ejemplo de libertad, gritó aquello de "Ich bin ein berliner", que desató el entusiasmo de los berlineses, de los alemanes y de todo el mundo libre.

Cuestión de oportunidad. Trasladado al aquí y ahora, bien podríamos decir que nunca tendremos otra oportunidad como ésta. Oportunidad para hacer una sociedad moderna y entusiasta por nuevos logros y no aferrarnos a esa imagen que tradicionalmente paseamos, cuando no es por una cosa es por otra.

Por aquella época, Truman Capoet, con la ayuda de Harper Lee, autora de ese libro maravilloso que es "Matar un ruiseñor", ya estaba trabajando en lo que después sería su obra maestra: "A sangre fría", ese relato que cambió el panorama de la novela y que tanto ayudó al nacimiento de esa corriente denominada “Nuevo Periodismo”, nacido al hilo de las corrientes sociológicas de la década de los cincuenta, unos años en los que Estados Unidos se sumergió en una crisis económica de importancia.

Como ahora, el mundo, y más concretamente la Nación americana, estaba cambiando. Han pasado cincuenta años. Tom Wolfe, uno de los iniciadores de aquella corriente periodística lo escribió años más tarde en ese largo artículo que le sirvió de base para editar "El nuevo periodismo", un libro más que recomendable.

De aquello bebe todavía el periodismo americano y británico, mientras que por aquí todavía no hemos llegado y ya estamos enfrascados en el periodismo que facilitan las nuevas tecnologías. Titulares para alimentar la sensación de que estamos informados. Muchas redes para opinar sobre lo que no sabemos.

En el nuevo periodismo, que era un reto importante, el periodista relata lo hechos, describe entornos, pide opiniones y abre diálogos. Son hechos y personajes alejados de la fama. Desconocidos en muchos casos. Hace, como escribió Wolfe, la competencia a aquella novela clásica que empieza a mediados del XVIII y se alarga y superpone con el naturalismo, esa corriente literaria prolija en las descripciones subjetivas del autor que, más que escribir, dibuja con lujo de detalles.

Con Truman Capote, Mailer, Talese, el propio Wolf y otros coetáneos todo cambia. Han aprendido de Melville, Poe, de la novela negra, de John don Passos. Gente como el Bartleby del primero, que no son nadie, son el centro de la narración. Son vidas sin historia que crecen por la cercanía y la redacción, más cercana a ese periodismo que empiezan a hacer The New Yorker o Esquire.

Representa la aceptación del cambio, ese sentido de la oportunidad que lleva a JFK a sentirse berlinés en aquel Berlín dividido y dar un paso de gigante en el reconocimiento de los derechos humanos de la población negra en los Estados Unidos.

Y es ese sentido de la oportunidad el que no acabamos de comprender para aprovechar la crisis y dar un cambio hacia una sociedad que aleje el fantasma de la rutina y la burocratización. He citado en varias ocasiones y en diferentes lugares la frase de Fernández Toxo, secretario general de Comisiones Obreras, como muestra de ese inmovilismo que también dibujaron algunos humoristas gráficos españoles hace años cuando pintaban al personaje de turno, de hace cincuenta años, convertido en estatua de piedra.

Menos atención a los emprendedores y más trabajo de verdad, vino a decir el líder sindical. Me pregunté dónde. Hay donde elegir. Empresas del automóvil, que no venden, constructoras que no construyen. Cajas de ahorros quebradas. Bancos a los que sobran miles de oficinas. O administraciones con deudas inasumibles.

Después de años de crecimientos negativos, o positivos irrelevantes en la economía y el aumento del paro, Estados Unidos con el Presidente Kennedy a la cabeza, invirtió la tendencia. Simplemente aprovechó la oportunidad, esa que reflejó en la frase que utilizo para titular esta colaboración: "nunca tendremos otro día como éste".

El problema no es solo español. Muy probablemente, no hay Europa ningún líder que sea capaz de representar ese cambio que se necesita, cogidos todos, como están, por los aparatos de los partidos convencionales, término que no utilizo de forma peyorativa.

En este escenario, mucho me temo que el imponente nombre de Horizonte 2020 dado al programa de innovación más ambiciosos que ha diseñado la Unión Europea quede postrado en la languidez burocrática y en estos siete años que restan para llegar a la fecha, toda esa innovación que se pretende quede para ilustrar magníficos informes.

La innovación no solo debe ceñirse al mundo de la tecnología; también debe afectar a la  sociedad y eso parece que se queda fuera, por el momento, de ese Horizonte 2020 que anuncian desde la Unión Europea, que para entonces ya debería haber cambiado. Es necesario para aprovechar los cambios introducidos y los que quedan por venir.

Hace cincuenta años, muy probablemente, mucha gente se sentía angustiada por aquellos sucesos que leíamos en la prensa pero el resultado es que después de medio siglo Estados Unidos tiene un presidente de origen afroamericano y rusos y americanos comparten estaciones espaciales, ahora que también hace medio siglo que una mujer, soviética en este caso, se convirtió en la primera astronauta femenina. Seguro que a más de la mitad de la población no les dice nada el término soviético o el nombre de George Wallace.

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Comments (2)

  • Ángel Alda

    Ángel Alda

    12 Junio 2013 at 12:51 | #

    Muy oportuno el recuerdo de esos años. Los años del Papa Juan y el inicio del concilio que iban a mover la tierrra bajo los pies de una institución milenaria y caduca. Los años en los que se inicia el enorme avance científico tecnológico de la exploración del espacio y de las nuevas tecnologías. Los años en los que el presidente Kennedy rechaza los consejos de sus asesores y evita el desencadenamiento de un conflicto militar nuclear en Cuba. Lo mismo que ahora que Obama se oculta detrás de sus asesores para proseguir con los planes de control de las comunicaciones ciudadanas privadas.
    ¿Como recuperamos ese impulso político de cambio y lo hacemos a escala global?

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  • Elías Ramos

    Elías Ramos

    12 Junio 2013 at 20:44 | #

    Gracias Ángel. Preguntas cómo. Sugiero que nos lo creamos que, efectivamente, estamos ante una gran oportunidad y, probablemente, no tendremos en mucho tiempo una situación como ésta. Ayer estuve con jóvenes emprendedores que ya han hecho grandes cosas. Es una forma de que la sociedad civil aparezca y sea reconocida. Cincuenta años después tenemos muchos de los ingredientes que nunca han existido.

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