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Proteo no sabe la respuesta (¿El fin del libro como lo conocemos?) - Artículo

Al polimórfico Proteo le imagino vestido de lagarterana, que es la forma más castellana de pasar desapercibido, sobre todo ante una pregunta que no tiene contestación. El singular dios que cambia de forma para eludir una respuesta que siempre sabe pero cree que no conviene que la sepan los demás, no sabe responder al interrogante. Demasiados cambios para él en los últimos tiempos y ahora se deja mecer por las olas en busca de destinos inciertos.

Me pregunta qué sé yo de los libros; es que no he visto que antes utilizaban rollos de diferentes productos para escribir en ellos los pensamientos. Me recuerda que antes, mucho antes, había tablillas. ¿Por qué nos extrañamos que cambien los libros como los conocemos? Claro que cambiarán.

Cambiará la forma de los libros pero no cambiará el contenido. Me pregunta: ¿te imaginas tener en tu casita de la playa, por eso conozco a Proteo, los libros del Monasterio de La Rábida, de casi 20 kilos de peso, escritos a mano, de casi un metro de alto por medio de ancho? Pues claro que cambiarán; ¡ya han cambiado! Ahora tienes esa pantalla pequeña con un montón de libros dentro. ¿Te parece poco cambio?

Es verdad; efectivamente han cambiado. Del papiro al papel, de la pintura a la impresión y de tener una librería de 4 x 2,75 ahora tienes una cosa que pesa unos 300 gramos y que es poco más grande que la palma de una mano con todos los libros que tienes en la librería. ¡Fantástico!

Pero el cambio no solo es físico. También han cambiado las cosas que se cuentan, pero solo porque todo es distinto. Cambia la forma de contarlo pero no el cuento.

Tsipras, que es griego y está de moda, contará el llamado grexit como la nueva Odisea o a lo mejor prefiere ser Paris, que ve en el caballo de Troya el monstruo de esa Europa que nada tiene que ver con la bella mujer que enamoró al mismísimo Zeus. Será otra forma de contar la Iliada y tendrá un soporte que se llama e-book, o un chip alojado en algún lóbulo cerebral. Y, ¿eso cómo le llamaremos?

Probablemente no le llamaremos libro pero será un libro. De hecho ya no llamamos libro al contenido de un e-book. En la conversación habitual ya no figura la palabra libro; nombramos solo al autor o al título del… libro: ¿tienes La Gitanilla? O, ¿qué cosas tienes de Cervantes? Ahora que han descubierto sus huesos… En realidad no importa que sean o no los huesos de don Miguel los descubiertos en el convento de las Trinitarias Descalzas; lo importante es que tenemos un nuevo nexo de unión con la época en que fueron escritas y que dan forma a Don Quijote de la Mancha, obra eterna.

Supongo que los libros, tal como los conocemos, serán como los huesos de don Miguel. ¿O son los del Ingenioso Hidalgo…? Memoria, imaginación… Y eso seguirá existiendo mientras sigamos pensando.

Adjunto
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