•   
  •   

¿Qué está pasando? Recuerdos de la Tercera Transición (Artículo)

Decía Albert Einstein que lo importante es no dejar de hacerse preguntas. Todas las grandes reflexiones empiezan con grandes interrogantes. El pasado 6 de junio abrimos el Encuentro España, la Tercera Transición organizado por Know Square en la Fundación Lázaro Galdiano con una pequeña gran cuestión, muy simple en su formulación, pero tremendamente compleja en su respuesta: qué está pasando aquí, qué está pasando en España que parece que la envergadura y rapidez de los acontecimientos dejan atrás al propio entendimiento y, en ocasiones, la mirada cuerda sobre los mismos se torna abyecta.

En aquel Encuentro nos preguntábamos por las claves esenciales para entender esta época, sus prioridades, sus debilidades, sus retos, en definitiva, nos preguntábamos por lo que es importante hoy. Una de las conclusiones de este Encuentro fue que los grandes cambios a todos los niveles son un signo de esta época y conllevarán esencialmente una transición a una manera distinta de entender la responsabilidad, de asumir el poder y aceptar sus consecuencias.

Responsabilidad, poder, consecuencias de los propios actos son elementos esenciales del espacio político como un espacio público en el que palabras y acciones tienen sentido y son condición de todo lo demás.  Pero no todo vale. Ya nos advertía Max Weber en La política como vocación que, en último término, no hay más que dos pecados mortales en el terreno de la política: la ausencia de finalidades objetivas y la falta de responsabilidad que, frecuentemente, aunque no siempre, coincide con aquella. No hay duda de que en la España contemporánea se observan rasgos de ambas faltas.

Quizá en junio nos anticipamos al presente, a lo real que vivimos hoy en día. España afronta actualmente grandes desafíos en la esfera política, económica y social; no obstante, su mayor desafío y del que dependerá la consecución de todos los demás es generar una evidencia común y compartida para salir de la situación en la que nos encontramos. Necesitamos generar urgentemente percepciones comunes para poder actuar en consecuencia. Pero ¿cómo es posible generar estas percepciones en situaciones de crisis, en situaciones como la actual en la que sobran las pasiones y falta la argumentación? 

No sólo las evidencias comunes nos permitirán avanzar. También hemos de poner remedio a la imprevisibilidad del futuro. El futuro es incierto, pero todos estaremos allí. Sólo la promesa puede atemperar esa incertidumbre; por eso quizá cabe preguntarnos qué vamos a hacer cuando acabe todo, en definitiva, qué nos prometemos para el futuro.

Tal vez una manera de empezar tan ardua tarea  sea recuperar la facultad de la memoria, el querer acordarse de las cosas pues es la única forma de preparar válidamente el porvenir. Hoy queremos acordarnos. Recuperemos aquellos relatos comunes de la Transición de 1976. Dejemos que hablen de nuevo sus protagonistas. Las palabras que compartieron con nosotros el 6 de junio son hoy de máxima actualidad.

Adelante. Tenéis de nuevo la palabra.


LA GRAN TRANSICIÓN, LA GRAN TRANSACCIÓN
Juan Antonio Ortega Díaz-Ambrona

La mayor parte de los parámetros que se dieron por aceptados en la primera transición ya no está en vigor.

Una de las ideas fundamentales de la primera transición fue la idea de concordia política, de reconciliación, de diálogo entre las fuerzas políticas. Antes de 1977 el término consenso no era un término común. El consenso consistió entonces en que, ante posiciones antagónicas de dos partes, cada una de ellas tuvo que hacer concesiones recíprocas, pudiendo decirse que la primera gran transición fue una gran transacción llevada a cabo por una determinada generación de españoles, la generación de la transición.

El consenso se manifestó en una serie de puntos básicos:

• Los Pactos de la Moncloa, los acuerdos de tipo económico y político firmados por los principales partidos políticos.

• La amnistía  política que puso fin a los enfrentamientos entre las dos Españas.

• La Constitución de 1978. Los consensos de la Constitución se produjeron alrededor de las grandes quiebras, esa especie de placas tectónicas que se han dado a lo largo de los siglos XIX y XX en las que periódicamente se producen choques, terremotos, cambios de régimen, dictaduras, etc. Este consenso se llevó a cabo con la forma de gobierno elegida, una forma intermedia entre la monarquía y la república, la monarquía parlamentaria en la que la soberanía radica en el pueblo.

Otro de los parámetros aceptados en la primera transición fue la cuestión religiosa. Partiendo de dos posiciones enfrentadas, la confesionalidad del Estado y el Estado laico, se llegó a una posición intermedia, el denominado Estado aconfesional.

Asimismo, el consenso se demostró en la cuestión territorial. Frente al Estado centralista e hipercentralista, estaba la idea de que España era un conjunto de pueblos soberanos con derecho a la autodeterminación. Ante dos posiciones antagónicas como las anteriores, la opción que se materializó fue la del Estado autonómico. La Constitución de 1978 no pudo responder a muchas de las complicaciones derivadas de esta opción, lo que terminó con el impulso del Estado autonómico mediante el desarrollo legislativo y las sentencias del Tribunal Constitucional.

El consenso que caracterizó la primera transición se ha ido relajando, rompiendo, quebrando de una manera o de otra en la época actual. Esta relajación se observa en la falta de consenso entre los principales partidos políticos, algo que parece quebrar la idea de diálogo que se alcanzara en los Pactos de la Moncloa. Asimismo, el surgimiento de la idea de la memoria histórica o la investigación de los crímenes del franquismo remueven las bases de la amnistía política. Por otro lado, se confunde el Estado aconfesional con el Estado laico.  El Estado autonómico también está crisis y en algunas instituciones como la Monarquía también se están produciendo quiebras, lo que conduce a un cierto debilitamiento.

Hubo una generación de la transición. La generación de los nacidos entre 1930 y 1945 es una generación que ya se despide de las responsabilidades de primera fila. Esta generación dice adiós a la espera de que le tome el relevo la generación de los nacidos en los años 1960 en adelante y de que ésta sea capaz de llegar a los consensos a los que se llegaron en la primera transición.

 

LA EVOLUCIÓN DEL HOMBRE ES CÍCLICA
José Manuel Otero Novas

Prescindiendo del tema de la técnica, es fundamental evitar considerar que la evolución del hombre es rectilínea, lineal o indefinida. Considerar que en los próximos cincuenta años vamos a seguir la misma trayectoria que hemos vivido en los cincuenta años anteriores es un error. Si queremos garantizar el futuro, debemos saber que la evolución del hombre y de la sociedad es una evolución cíclica, de tal manera que las tendencias del pasado mañana serán, no las de hoy, sino las de anteayer. Las tendencias de hoy se repetirán bastante después del pasado mañana. De esta manera, la transición por la que merece la pena preguntarse es aquélla en la que se implicarán unas tendencias que no son las de hoy.

Uno de los escenarios críticos  de nuestra sociedad y de la sociedad occidental en general es la crisis económica. Vivimos una crisis peor que la del petróleo de 1973 que estuvo en el trasfondo de la transición a la democracia. Vivimos una crisis más cercana a la de 1929, una crisis en la que los políticos estaban prisioneros de sus dogmas, al igual que sucede ahora.

Ningún gobierno habla de lo que va a pasar cuando salgamos de la crisis, cuando bajemos la fiebre al enfermo, ¿qué es lo que vamos a hacer? Posiblemente, seguiremos de nuevo prisioneros de esos dogmas.

España vive actualmente varios problemas. Uno de ellos es el endeudamiento. Tenemos que pagar más del doble de lo que valemos.  Por otro lado, lo que la Constitución llama "Estado Autonómico" se ha quedado no se sabe dónde; estamos en una senda soberanista que nos puede llevar a la destrucción y recordemos que todas las veces que se han emprendido procesos de autodeterminación estos han terminado en sangre. Asimismo, el estado está en una situación terriblemente débil y el gobierno de España es percibido como un gobierno que no gobierna porque no tiene instrumentos, los ha perdido.

 

LA NUEVA TRANSICIÓN ES LA DE LA RESPONSABILIDAD
Miquel Roca Junyent

Transitar transitamos siempre. El mundo transita siempre. Lo que ocurre es que estas transiciones toman como referencia hitos tan fundamentales que permiten identificarlas.

¿Dónde está esta tercera transición?

En la primera transición sabíamos el destino; en la segunda también; en la tercera no tenemos ni idea. Lo que es evidente es que esta tercera transición la vamos a compartir como mínimo con los europeos desde una posición de más o menos fuerza, eso dependerá de nosotros, y la vamos compartir en el contexto de una crisis generalizada de todo lo que representa el gran proyecto europeo y los movimientos sociales e intelectuales en toda Europa.

Quizá hoy somos más europeos que nunca porque todos estamos mal; tenemos problemas comunes y los estamos viviendo desde una posición de debilidad.

Esta crisis es una crisis de gran relevancia económica y financiera, pero es mucho más importante la crisis política, institucional, de valores.

Saldremos de la crisis, pero saldremos diferentes de cómo entramos en ella. Lo que nos cuesta es construir ese nuevo escenario de progreso, de libertad, de concordia.

Nos están saliendo los peores genes de nuestra tradición histórica. Nos encanta confrontarnos. Ponernos de acuerdo ha sido algo excepcional en la historia de España. Encontramos cierto gusto en la confrontación porque la confrontación es muy simple, es muy fácil. Ya no es necesario definirse por lo que se es, sino por ser diferente, distinto del otro.

Lo contrario a la confrontación es construir intelectualmente, razonar, acercarse, buscar el entendimiento. Debemos aprender que no es posible, jamás, una política de progreso estable que se dé desde los extremos. El progreso estable siempre se ha definido en las tonalidades intermedias de la aproximación.

Los verdaderos protagonistas del consenso de la transición a la democracia fueron los ciudadanos. Los ciudadanos desearon ese consenso siendo conscientes de que no podían tener todo aquello a lo que aspiraban, era necesario ceder, realizar una transacción. En este sentido, nuestra sociedad es afortunadamente plural, contradictoria y sólo los acuerdos estables que sean capaces de integrar mayorías estables socialmente más que políticamente, serán capaces de generar futuro. Ahí tenemos una responsabilidad que es de todos, no sólo de los políticos.

¿Hacia dónde vamos a transitar? Hacia donde queramos, pero es cuestión de voluntad. Nuestro reto es cómo estamos trabajando en el campo de la formación, la innovación, la imaginación, el esfuerzo y la dedicación y esto no depende de la crisis, sino de las voluntades colectivas.

La nueva etapa, la nueva transición es la de la responsabilidad.

Durante un tiempo hemos pensado que esto nos lo arreglaban otros y ahora hemos descubierto que hay que comprometerse. Cada uno desde su parcela debe tener una voluntad de pactar, de consenso, de acuerdo. Las sociedades civilizadas son las que pactan, son las que son capaces de lograr acuerdos.

Vamos a salir de la crisis, pero depende de nosotros. No podemos ser espectadores durante más tiempo. Lo que se va a definir nos compromete a todos.

 

EN ESPAÑA NOS FALTA PERSPECTIVA
Antonio Garrigues Walker

"Lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa y eso es exactamente lo que nos pasa". José Ortega y Gasset.

La humanidad no es otra cosa que una sucesión de procesos de crecimiento que entran en crisis de manera cíclica.

En España lo que tenemos siempre es una falta de medida de lo que pasa fuera de España. Estamos tan concentrados en nuestros problemas que no nos damos cuenta de lo que pasa fuera. Todos los países tienen grandes problemas. No somos el único país que tiene que hacer su transición.

A modo de ejemplo, debido al terremoto, Japón ha tenido que recomponer prácticamente sin tiempo sus fuentes de energía tras el apagón nuclear. En China, el proceso de crecimiento se está paralizando y además tiene que hacer una transición lo cual genera grandes problemas en la población como protestas sociales o huelgas. En Estados Unidos se está viviendo la mayor radicalización política de su historia, algo que está afectando a la convivencia social. El presidente Obama ha intentado tres grandes reformas: la financiera, la de la política de emigración y la de la seguridad social, todo ello con grandes oposiciones y con el poder legislativo en manos del Partido Republicano, contrario a las medidas. Además, el déficit de Estados Unidos es anacrónico, de trillones de dólares, por lo que los americanos se preguntan por el momento en que  saldrán de esta situación. Tras las elecciones de noviembre se mantendrá el mismo escenario, a saber, Obama estará en la presidencia y los republicanos en el poder legislativo.

El espectáculo que estamos dando en Europa es fascinante desde el punto de vista intelectual, pero a la vez muy triste.

Ningún tipo de colectividad puede vivir sin liderazgo y Europa necesita un liderazgo. Pero los europeos hemos venido entendiendo desde hace tiempo que Europa era básicamente Francia y Alemania y los líderes eran Francia y Alemania, pero esta afirmación no está en sintonía con los habitantes de dichos países. El problema es que no existe identidad de los ciudadanos con Europa.

La dificultad de la falta de liderazgo no sólo a nivel español, sino también europeo y mundial es tremenda. En Europa no hay liderazgo.

Esa idea de que España es el peor país del mundo es un error absoluto, es una idea radicalmente falsa, no tiene nada que ver con la realidad, y como sigamos viviendo permanentemente de nuestros propios dramas estaremos totalmente perdidos.

En las crisis, los factores psicológicos tienen un papel muy importante y son incluso más importantes que las medidas, que las recetas. De las crisis no se sale con recetas. De las crisis se sale cuando la ciudadanía dice "esto hay que hacerlo, esto merece la pena hacerlo". Esta actitud no la tenemos ahora y aquí está la clave de cómo deberíamos afrontar esta nueva transición. Si hay algo malo hoy en España es esa falta de fuerza, esa falta de ánimos.

España no tiene un problema superior al de ningún otro país. Lo que pasa es que la crisis acentúa nuestros problemas; acentúa todas las demás contrariedades, pero no estamos viviendo situaciones trágicas ni dramáticas, no hemos perdido las referencias, aunque es verdad que estamos en una crisis de valores.

Este año acabará la crisis y a partir del 2013 iniciaremos un nuevo proceso de crecimiento. Al respecto es necesario recordar tres cosas: (i) no se puede gastar mucho más de lo que uno tiene; (ii) todas las burbujas explotan; y (iii) sin ética no hay sostenibilidad.

 

A MODO DE DESPEDIDA Y BIENVENIDA
Nota de la autora

Permítame el lector que en unas breves líneas y a modo de despedida y bienvenida, calle esa suerte de ruidoso silencio que, por respeto al merecido protagonismo de los ponentes, vengo manteniendo a lo largo de toda la exposición.

Decía Antonio Garrigues al referirse a la avanzada longevidad de Europa que lo peor de ser viejo es que ya no se aprende nada, no se es sabio sino resabio y la capacidad de afrontar nuevos retos desaparece. Aunque los ponentes no sean precisamente representativos de esa afirmación, no seré yo, querido Antonio, quién te la rebata, pues la vara para medir la capacidad de aprender y de atreverse sólo la puede aplicar uno mismo. Quizá los viejos ya no aprenden, quizá ya no se atreven, pero de ellos se aprende y animan a atreverse. Y nosotros tuvimos la ocasión de asistir el 6 de junio a una lección magistral impartida por esa generación de la transición de la que hablabas, apreciado Juan Antonio, y que ya se despide. Si no hay más remedio, marchaos, pero quedaos cerca, que os podamos ver y consultar.

Cerráis vuestro espacio en la historia; y esperamos, estimado José Manuel, que por esa lógica cíclica a la que te referías, vuestro estilo sea el que se repita hoy, mejor que mañana. Abogaremos porque así sea. Y lo cerráis siendo un ejemplo de optimismo, mesura, perspectiva, generosidad, grandeza y, como mencionó Miquel, de responsabilidad. Éstas son sólo una pequeña parte de las enseñanzas que nos transmitisteis esa tarde. No sólo por servidumbres de un hombre de provincias, querido Miquel, sino también por servidumbres de las prisas y de mi propio ensimismamiento y, por qué no decirlo, de los caprichos de alguna aerolínea, lo cierto es que no os lo pude agradecer en público. Ahí quedan esas enseñanzas y este agradecimiento para la generación que os toma el relevo. Bienvenida sea. A los cuatro, gracias por tanto.

                   

Adjunto
0.0/5 rating (0 votes)

Comments (1)

  • Juan Fernández-Aceytuno

    Juan Fernández-Aceytuno

    05 Noviembre 2012 at 18:21 | #

    Excelente artículo, María Eugenia...No es la primera vez en la que Know Square adelanta cambiso de tendencia o hechos relevantes...

    Un abrazo,

    Juan

    reply

Leave a comment

You are commenting as guest.

Utilizamos cookies para mejorar nuestros servicios. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra política de cookies.

  Acepto cookies / I accept cookies.
Directiva europea de cookies