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Repensar la pobreza. Un giro radical en la lucha contra la desigualdad global (Reseña del libro de Abhijit V. Banerjee y Esther Duflo)

“La pobreza nos ha acompañado durante muchos miles de años; si tenemos que esperar otros cincuenta o cien años para ver su fin, así sea. Al menos podemos dejar de fingir que hay alguna solución sencilla y, en su lugar, unir nuestras manos a millones de personas bienintencionadas de todo el mundo en la búsqueda de muchas ideas, grandes y pequeñas, que algún día nos llevarán a ese mundo en el que nadie tenga que vivir con 99 centavos de dólar al día”.

Aunque pueda parecernos que ya tenemos bastantes problemas en España y en nuestras empresas como para pensar en arreglar el problema de la pobreza en el mundo, el libro que se cierra con este párrafo es quizás ahora más oportuno que nunca.

A modo de tercera vía entre las posiciones clásicas sobre la erradicación de la pobreza (ayuda e inversión externas para ayudar a los países pobres a salir de la trampa de la pobreza o esperar a que los países pobres se doten de un sistema democrático en el que el libre mercado y unos incentivos adecuados ayudarán a la gente a solucionar sus problemas) se propone la adopción de pequeños pasos que pueden suponer significativas mejoras en la lucha contra la pobreza, generando círculos virtuosos. Muchos de estos pequeños pasos bien podrían  ser aplicables en un país como el nuestro, con un alarmante crecimiento de la desigualdad y la pobreza y una gran necesidad de soluciones sencillas e imaginativas para la necesaria reconstrucción del tejido industrial y empresarial que habrá que acometer.


Reseña del libro

El libro que comento, de Editorial Taurus, obtuvo el "Financial Times/Goldman Sachs Best Business Book of the Year Award" correspondiente a 2011. Sus autores, A. V. Banerjee y E. Duflo, son profesores del Instituto Tecnológico de Massachussets y han dedicado mucho tiempo, a lo largo de muchos años, a realizar trabajos de campo sobre la pobreza tanto con ONG como con funcionarios de diversos países. A partir de conversaciones con personas pobres, y del intento de comprender su situación y su forma de pensar, tuvieron que revisar muchas de las ideas y prejuicios que tenían sobre la pobreza, así como las políticas clásicas sobre su erradicación y el desarrollo económico, habitualmente elaboradas por economistas formados en Occidente. A pesar de ese primer "choque" y de la desesperanza que en ocasiones conlleva, el libro vuelve una y otra vez sobre la esperanza. Como dicen los autores al final del prólogo: "… (el libro) aclara por qué la esperanza es vital, y el conocimiento es crítico, por qué tenemos que seguir intentándolo incluso cuando el reto parece abrumador. El éxito no siempre está tan lejos como parece".

El libro está dividido en cuatro bloques. Tras el primero, con prólogo y un capítulo introductorio, nos encontramos dos grandes bloques (Primera parte: Vidas privadas; Segunda parte: Instituciones) en los que se describen primero cómo son las vidas de las personas que formaron parte de la investigación y luego cómo se relacionan con los mercados e instituciones, para terminar  con un capítulo de conclusiones.

En beneficio de la brevedad, utilizaré como guía para comentar el contenido del libro las conclusiones que se exponen en el último capítulo, desarrollándolas con lo más importante, en mi opinión, de lo que en relación con ellas se expone en los bloques centrales del libro (Primera y Segunda parte)

La falta de información lleva a las personas pobres a adoptar creencias, y prácticas basadas en ellas, erróneas

• Alimentación:

o A pesar de las evidentes correlaciones entre una alimentación sana y nutritiva en la infancia con el crecimiento físico y las expectativas futuras de una vida más próspera, resulta en principio sorprendente que buena parte de las personas pobres dedique una proporción claramente insuficiente de su gasto total a una alimentación más nutritiva. Este enfoque erróneo se debe, en buena parte, a que se desconfía del extranjero que sugiere cambiar la dieta cuando ésta le gusta al local. El que tiene poco no quiere comer cosas aburridas y al ser escéptico sobre la posibilidad de que haya cambios radicales en su vida, las cosas que le hacen la vida más agradable terminan siendo una prioridad (alimentos sabrosos pero poco nutritivos, TV, móvil…).
o En lugar del enfoque clásico de  suministrarles, sin más, cereales a bajo precio habría que incorporar nutrientes adicionales a los alimentos que gustan a la gente, y fomentar nuevos cultivos de alimentos nutritivos y sabrosos. En esa línea se trabaja en Uganda y Mozambique.

• Salud e higiene:

o La dificultad de extender el uso de mosquiteros y lejía a pesar de bajar el precio, o prácticamente regalarlos, porque las madres lo que quieren son antibióticos, el hecho de que a veces las personas pobres gastan en tratamientos caros pero desdeñan las vacunas –que ofrecen beneficios a medio o largo plazo-,  el que usen más el tratamiento que la prevención y a los curanderos y médicos privados más que a los centros públicos sin que se consiga una mayor calidad asistencial son algunos de los problemas más importantes.
o Entre los "pequeños empujones" necesarios para revertir esta situación, se citan los programas de vacunación incentivada, la cloración de agua comunal y el uso de harina enriquecida con hierro para combatir la anemia. Experiencias que en no todos los casos dieron los resultados apetecidos pero cuyo análisis detallado siempre supone al menos un aprendizaje.

• Educación:

o El que las familias y los profesores concentren los  esfuerzos en el hijo o alumno más prometedor, descuidando a los demás –por pensar que las ventajas económicas crecen más que proporcionalmente a medida que sube el nivel de los estudios– los objetivos poco realistas combinados con incentivos equivocados para los profesores, la poca fe de los profesores y alumnos más pobres en el éxito de la educación y el que parte de los  mejores profesores potenciales se estén yendo a sectores de alta tecnología de castas bajas son algunos de los peligros más importantes.
o  Hay iniciativas alentadoras como la del gigante informático indio Infosys  de identificar jóvenes con talento, independientemente de su titulación, para formarlos como aprendices e incorporarlos luego al mercado laboral; los resultados tan similares que obtienen al final de su educación los inmigrantes etíopes y rusos en Israel que muestran la posibilidad de que una buena educación compense desigualdades profundas en la infancia y los experimentos en la India y EEUU para  aumentar los conocimientos básicos de todo el alumnado con relativamente poca inversión, intentando que cada niño aprenda a su ritmo y que los más atrasados se centren en lo básico.

El ahorro y pensar en el mañana: A las personas pobres, a diferencia de a las ricas, la sociedad no les da nada hecho, no pone a su disposición a un precio razonable, los productos y servicios que necesitan. Tienen que tomar ellos solos las decisiones más importantes y por ello caen con más facilidad en el error de posponer las cosas

Para que una persona pobre ahorre de forma regular necesita hacer esfuerzos de autocontrol constantemente, ya que tiene que privarse ahora de algo para conseguir un beneficio en el futuro, y únicamente la firme confianza de que podrán conseguir sus aspiraciones en el futuro puede darles la motivación necesaria y suficiente para eliminar o reducir gastos "frívolos" del presente. Los "ricos" también dejamos las cosas para mañana, pero tenemos la suerte de que no por ello se resienten ni las condiciones higiénicas, ni la seguridad de nuestra próxima comida ni el cuidado de nuestra salud ni la propiedad de nuestros principales bienes.

La oferta de seguros sanitarios privados en países de mala asistencia pública supone un gran riesgo para las compañías, ya que si el seguro no es obligatorio, tenderán a contratarlo los que tienen más probabilidad de necesitar asistencia futura, lo que encarecería las primas y complicaría el asunto. Como alternativa, los seguros de climatología o enfermedades graves podrían ser un buen comienzo, pero siempre teniendo muy en cuenta que para quien no tiene prácticamente nada se hace muy cuesta arriba pagar ahora para recibir ayuda en caso de que en el futuro ocurra una catástrofe en la que no quiere ni pensar.

Los altos intereses que las personas pobres tienen que pagar cuando acceden a un préstamo están ligados a una alta morosidad, al alto esfuerzo del prestamista para recuperar su dinero, a la imposibilidad de conseguir avales o garantías y a la mayor repercusión de los costes fijos de supervisión y selección del prestatario en cantidades prestadas muy pequeñas. Por ello, para salvar la barrera de la desconfianza, las personas pobres terminan pidiendo préstamos a los prestamistas locales, que les imponen unos intereses aún más abusivos, pero a quienes ellos conocen y que no les exigen garantías ni avales.

 Sin duda, la iniciativa más interesante surgida en este terreno es la de los microcréditos. Tras sus difíciles inicios en los años 70 del siglo pasado, actualmente hay entre 150 y 200 millones de personas, con mayoría de mujeres, que se benefician de los microcréditos. En buena parte de los casos, las IMF (Instituciones de MicroFinanzas) vigilan al cliente, involucrando a otros clientes que lo conocen ya que, normalmente, cada integrante de un grupo responde de los préstamos del resto. Se organizan unas  reuniones semanales en las que se devuelve una cantidad fija del préstamo recibido, lo que facilita la labor y abarata el coste del cobrador, haciendo así posible que se preste  en el sur de Asia al 25% anual, que es un interés entre la mitad y la cuarta parte del habitual de los prestamistas locales. Se realizó una prueba de campo en la India, con Spandana (una de las principales IMFs), para evaluar la eficiencia del sistema. Las conclusiones más importantes fueron el buen funcionamiento del sistema, que fomenta unas pautas de consumo del prestatario más acorde con un necesario nuevo rumbo de su vida, pero sin evidencias de cambios profundos en el enfoque del gasto en salud o educación o en la discriminación de la mujer. La rigidez del sistema es quizás lo que ha permitido prestar grandes cantidades de dinero a muchos pobres a tipos bajos, si bien hay quien critica que esta rigidez frena el espíritu emprendedor por fomentar básicamente la prudencia y la seguridad (el que cada uno responda por los demás frena la entrada, especialmente de los más arriesgados, a los que además no se les ofrece el dinero rápido que necesitan y que no saben cuándo podrán empezar a devolver)
 
La pobreza actual o una historia desgraciada no condena a ningún país a un futuro de pobreza. Puede construirse un círculo virtuoso, evitando que las expectativas sobre lo que puede o no conseguir la gente se conviertan en "profecías autocumplidas"

Una mala herencia recibida en países del tercer mundo son las instituciones y prácticas que antiguamente se  utilizaban para maximizar la extracción de recursos naturales del país en beneficio del poder colonial y que muchos dirigentes actuales han conservado para su propio beneficio. Por ello, surge la duda de si lo primero a cambiar debe ser el sistema –democratización del país como punto necesario de inicio– o las políticas sociales –aunque éstas se den en el seno de un país o sistema corrupto–.

Antes estos hechos, nuevamente nos encontramos con las posturas encontradas:

o Easterly: sin un buen funcionamiento del sistema político, una verdadera democracia, no sirve de nada diseñar o poner en marcha una buena política o un buen programa, porque la mayor parte de la ayuda se perderá por el camino. Serán necesarios grandes cambios, o revoluciones sociales que allanen el camino a la democracia.
o Sachs: Al ser la corrupción una consecuencia de la pobreza, es a ésta a la que hay que atacar primero fijando objetivos específicos (malaria, agua potable y saneamiento, alimentos,…) cuyo seguimiento sea sencillo. Por lo tanto, estos programas podrían ponerse en práctica en países corruptos y no democráticos.

Los autores defienden una opción intermedia, pero más próxima a la de Sachs, de comenzar importando los cambios del exterior, empezando a implantar los cambios en ciudades manejables por pequeñas, pero suficientemente grandes para que marquen la diferencia. Intentando entender cómo funcionan las pequeñas instituciones, que incluso en regímenes dictatoriales tienen algunos grados de libertad, se pueden acometer reformas graduales que llegan a suponer cambios significativos y una puerta abierta a la esperanza.

Hay experiencias muy positivas en China (elecciones locales que actúan de contrapeso al poder político central), Indonesia ( programa de auditorías que redujo los desvíos de fondos en obras públicas,  apertura de las asambleas municipales a los ciudadanos y las inversiones de Suharto en educación con el dinero del petróleo), India (ciudadanos-"gancho" que mejoraron la eficiencia policial, DNI digital, discriminación positiva a favor de la mujer y minorías en el sistema de gobierno municipal y mejora del nivel de lectura infantil), Brasil (votación electrónica para disminuir la abstención de los pobres) y Kenia (se mejoró la calidad de la enseñanza asignando a las asociaciones de padres un dinero para contratar profesor adicional y controlar su aprovechamiento por el sistema). El caso de Uganda es uno de los más interesantes, especialmente si tenemos en cuenta que en 2010 figuraba entre el tercio de los países más corruptos de los 178 valorados por Transparencia Internacional. Según una  investigación realizada en 1996, sólo el 13% del dinero asignado presupuestariamente por el gobierno llegaba a los colegios, la mitad de los cuales no recibía absolutamente nada. Se difundieron, con gran alboroto los resultados del estudio y en 2001 se repitió dicho estudio, comprobándose que ya llegaban a su destino el 80% de los fondos, tras haber reclamado los directores de los centros por "la pérdida" de los fondos.

En todos estos casos se trata de intervenciones directas que sin alterar las instituciones más importantes, que presentan muy serias carencias democráticas, sí han tienen un éxito significativo. Sin grandes cambios políticos al más alto nivel, pero con un análisis meticuloso de la situación y una evaluación rigurosa de los resultados sí puede conseguirse la puesta en práctica efectiva de buenas políticas. Tanto las experiencias positivas como las negativas reflejan que lo peor no es la debilidad estructural, presente en casi todos los países del tercer mundo, sino la falta de atención en el diseño e implantación de las políticas concretas. Las buenas políticas  (p.e.: reservar un número de puestos en las instituciones locales para mujeres en la India o cualquier otra de las mencionadas)  pueden ayudar a crear un círculo virtuoso, aumentando la confianza ciudadana en unas políticas y en unos políticos determinados, presionando a los gobiernos para que lo hagan mejor y votando después de una reflexión suficiente.


Comentario personal

Lo que quizás me ha impresionado más del libro es la mezcla de tenacidad, humildad y rigor que caracteriza a la investigación realizada a lo largo de muchos años y en buen número de países, en la que se basa el libro. Todo ello con la esperanza como faro y aglutinador, que les permite creer que la solución es posible, y además construyendo siempre sobre teorías y prácticas con las que en algunas ocasiones no comulgan plenamente, pero cuya aportación al objetivo final de erradicación de la pobreza intentan siempre reconocer y utilizar.

Este sentido crítico, o quizás deberíamos decir autocrítico, de no aceptar explicaciones sencillas ni adaptar las interpretaciones de los hechos a las creencias previas, el continuo ir al terreno a preguntar e intentar entender a los interesados, además de suponer una tremenda fortaleza de su metodología, es también un enfoque absolutamente trasladable a la práctica de cualquier empresa. Con frecuencia nos basamos en ideas previas y privilegiamos las interpretaciones de los hechos que más se adaptan a nuestras ideas o experiencias.

También me parece digno de resaltar, y de posible aplicación a otros ámbitos, el posibilismo que les lleva a actuar, frente a las posturas más extremas y encontradas y que pueden llevar igualmente a la inacción: hay que hacer un cambio radical antes de que las mejoras sean posibles o hay que esperar a que los cambios surjan por sí solos, de abajo arriba.

 

Adjunto
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