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La palabra escrita en movimiento (¿El fin del libro como lo conocemos?) - Artículo

Los seres humanos nos diferenciamos del resto de los animales porque poseemos la capacidad cerebral de reflejar la realidad en forma de sensaciones, percepciones y pensamientos. Ello nos hace generar recuerdos y dejar huellas de nuestro paso por la vida. Esa trascendencia se plasma en el pensamiento, en el arte y en la literatura como medio de transmisión de experiencias y conocimiento. Se dice que "quien no conoce la historia está condenado a repetirla... o incluso a empeorarla".

El poder tiene muchas caras. Durante mucho tiempo fue el pensamiento filosófico, y luego el religioso, los que dominaron con su narrativa la evolución de sociedades fragmentadas, dominadas por minorías ilustradas que desde el poder influían en las mentes y vidas de la mayoría de las personas. Con la excepción de los libros fundacionales de las grandes religiones monoteístas, era la época de la palabra en primera persona, la palabra hablada. La palabra escrita de copistas y escribas estaba reservada a los lectores de códices e intérpretes de textos administrativos, una parte ínfima de la población.

Con la llegada de la imprenta y el advenimiento de la Ilustración con la persona en el centro, el libro impreso como soporte de conocimiento y pensamiento, es cada vez más barato y más ubicuo en su capacidad de reproducción. Se empieza a "democratizar" la producción de la palabra impresa, y se expande hasta el cénit la moderna industria editorial.

Generado el soporte (libro impreso), el empresario (la editorial) y el canal (distribuidores), el contenido acaba siendo feudo de la de la profesión de escritor. La propia historia, como profesión de relato e investigación de hechos, en contraposición con la imaginería de los códices de los monasterios antiguos, va tomando carta de naturaleza en las ediciones impresas. Todas las historias ofrecen una perspectiva subjetiva, pero la palabra impresa "industrializada" en el libro tradicional al menos ofrece competencia entre alternativas de pensamiento que no existían en la época de los escribas y copistas monásticos.

En la revolución digital y audiovisual los soportes vuelven a abrirse ante las posibilidades de la tecnología. El libro electrónico es más ubicuo, ligero, almacena masivamente información, es multi-contenido y multi-soporte, puede ser audición y  video, no sólo lectura.

Hoy el escritor compite con cualquier generador digital de contenidos. La producción de contenidos se ha "democratizado" totalmente compitiendo por un público más diverso. Todo se ha hecho más fluido, más amplio, más inabarcable.

La editorial como empresario lanzador con su sello del libro sigue siendo un prescriptor fundamental, pero no hay razón para que como cualquier marca se adapte al soporte preferido por su cliente . La editorial tiene un futuro brillante si se alía adecuadamente con la tecnología.

Las librerías y canales de venta están notando en sus propias cuentas de resultados la dificultad y la competencia del libro electrónico y cada vez menos encuentran la escala mínima compatible con la rentabilidad ante las tendencias de menor lectura en muchos países, y por otra parte, el avance del libro electrónico.

Mal que nos pese a algunos, hay un riesgo real de desaparición del libro como soporte primario de transmisión de la palabra escrita. El modelo de consumo de información, de reflexión y aprendizaje que proporcionan los libros no se adapta siempre a los estándares que necesita la sociedad. Unos necesitaran los libros para subrayar, para consultar, para pensar, e incluso, para tener ese pequeño espacio en casa donde concentramos nuestra historia lectora y nuestros momentos más privados.

Las menos lectoras nuevas generaciones no tendrán el mismo apego a nuestra biblioteca, por mucho que los títulos sean mundialmente conocidos o de escritores reputados. Veo en mi biblioteca libros que me acompañan desde mi juventud. Pero también veo en mi biblioteca los lomos de cuero granate envejecido de los libros de los premios nobel de literatura del siglo XX que heredé de mis padres, que nunca leí y que probablemente nunca leeré.

Creo que la tradición lectora de familia es fundamental para  trasladar el deseo de reflexión que implica una biblioteca propia de libros físicos.

Pero es que además, el libro digital ofrece posibilidades muy convenientes de consulta (pago por horas, por letras, por páginas,...) que antes se solucionaba con el préstamo de libros en las bibliotecas. Un ejemplo más de la extensión del pago por acceso en lugar de la posesión.

Cada persona tendrá que construir su biblioteca de experiencias y conocimiento, para nuestra generación el libro físico era fundamental pero no creo que vaya a serlo de la misma forma para las futuras generaciones.

 

Adjunto
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